Umar Hayat irrumpió en la casa de la influencer de 17 años Sana Yousaf el año pasado después de que ella rechazara sus constantes avances y la mató a balazos.
Una obsesión terminó en tragedia
Hayat, de 23 años, admitió su crimen en julio, diciendo que había desarrollado una obsesión unilateral con Yousaf tras algunas interacciones en línea.
Syed Yousaf Hassan, padre de Yousaf, dijo que el veredicto del tribunal de Islamabad era “una lección para todos esos criminales en la sociedad”, según informaron medios locales.
El tribunal también ordenó que Hayat pagara 2,5 millones de rupias pakistaníes (9.000 dólares; 6.700 libras) en compensación a la familia de Yousaf.
Detalles del crimen
Durante las investigaciones. Hayat dijo que había viajado a Islamabad días antes del asesinato para felicitar a Yousaf por su cumpleaños. A pesar del rechazo de Yousaf para reunirse con él, logró llegar a su casa, donde tuvieron una discusión que terminó en el crimen, según medios pakistaníes.
Yousaf tenía más de un millón de seguidores en TikTok y medio millón más en Instagram antes de su muerte; Era muy querida por sus fans por su contenido ligero, incluyendo videos de probar tendencias de moda, cantar a coro y pasar tiempo con amigos.
Un patrón más amplio de violencia
Activistas dijeron que el asesinato de Yousaf forma parte de un patrón más amplio de violencia contra las mujeres en Pakistán.
La policía registró lugares en la capital, donde Yousaf vivía con su familia, y en la provincia de Punjab, revisando imágenes de 113 cámaras de videovigilancia.
Mientras muchos han expresado su indignación por la muerte de Yousaf, también ha habido críticas hacia su trabajo como influencer.
Usama Khilji, director del grupo de defensa de derechos digitales Bolo Bhi, dijo a la BBC en una entrevista anterior que esa crítica provenía de una pequeña porción de usuarios, en su mayoría hombres, algunos de los cuales citaron motivos religiosos.
“Están preguntando por qué ella publicaba todo ese contenido, e incluso sugiriendo que la familia debería eliminar sus cuentas de Instagram y TikTok porque eso aumenta sus ‘pecados’,” dijo Khilji.
Farzana Bari, activista de derechos humanos destacada, argumentó que la reacción es “misógina” y “patriarcal”. Yousaf tenía “su propia voz”, dijo. Agregó que el debate en las redes sociales es un recordatorio de que las redes sociales se han convertido en un “lugar muy peligroso para creadoras de contenido femeninas” en Pakistán.
Reportaje adicional de BBC Urdu
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