Ronda Rousey venció a Gina Carano en un regreso histórico al arte marcial con un final de brazo de hierro en 17 segundos durante el primer evento de Most Valuable Promotions (MVP) en Netflix el 16 de mayo de 2020, en el Intuit Dome de Inglewood, California. El combate, el primero de Rousey en casi 10 años, terminó con ella diciendo: ‘Esperaba salir indemne. No quería lastimarla. Fue arte marcial hermoso. Eso fue arte’, según ESPN. Rousey, de 39 años, mejoró su récord profesional a 13–2 y confirmó que no volvería a competir.

Un regreso que reescribió el final

La victoria de Rousey marcó un contraste marcado con sus últimas apariciones en la UFC en 2015 y 2016, que terminaron con derrotas por knock-out contra Holly Holm y Amanda Nunes. Esta vez, controló el combate desde el inicio, logró un takedown y pasó a un brazo de hierro que obligó a Carano a rendirse. Según Complex, la pelea cerró el esfuerzo de Rousey por ‘reescribir’ su historia en MMA, terminándola por sus propios términos y no por una derrota.

Carano, de 44 años, regresó al octágono después de 17 años, tras su última competición en 2009. Perdió 100 libras en preparación para el combate y describió el regreso como ‘una de las experiencias más duras pero saludables de mi vida’. Tras la derrota, Carano admitió: ‘Esperaba que durara más. Me sentí lista, me sentí bien. Nunca me sentí tan bien, pero hace 17 años que no estaba aquí.’

Un hito financiero y cultural

La pelea fue un evento financiero importante. Según DAZN, Rousey ganó 2,2 millones de dólares por el combate de 17 segundos, lo que equivale a unos 129.411 dólares por segundo. Carano recibió 1,05 millones de dólares por su regreso. El evento marcó un punto de inflexión para el MMA femenino, al encabezar un evento fuera de la UFC y en Netflix por primera vez. A pesar del entusiasmo, la asistencia al Intuit Dome fue descrita como ‘discreta’ por algunos observadores, sin datos oficiales sobre la audiencia aún disponibles.

Emocionalmente, la pelea fue una reunión de cierta manera. Rousey elogió a Carano, diciendo: ‘Gina es una persona que me introdujo en el MMA. Es la única persona que podría devolverme al MMA. Ella es mi heroína. Me cambió la vida, y juntas cambiamos el mundo. Nunca podría pagarte lo suficiente’, según la BBC. Las dos se abrazaron varias veces tras el combate, sin mostrar señales de hostilidad.

Notas sobre legado, matrimonio y finanzas

Durante la ceremonia posterior al combate, Rousey compartió un momento conmovedor con su esposo, Travis Browne, exluchador de la UFC. El matrimonio, casado desde 2017, se abrazó y besó mientras el público aplaudía. El regreso de Rousey también destacó el cambio cultural más amplio en el MMA femenino, ya que ambas luchadoras son consideradas pioneras del deporte. Carano había encabezado eventos importantes en 2009, abriendo camino para las mujeres en el deporte, mientras que Rousey se convirtió en la primera mujer firmada por la UFC en 2012.

La pelea terminó con el estilo agresivo pero calculado de Rousey plenamente mostrado, una estrategia que ella describió como ‘el estilo de lucha más eficiente que jamás haya existido’. A diferencia de sus derrotas anteriores, este combate final fue controlado y decisivo. El esposo de Rousey, Travis Browne, también estuvo presente, y el momento emocional entre ellos fue compartido con el público como parte de la transmisión de Netflix.