Yayoi Kusama, la artista japonesa cuyos lunares se convirtieron en un lenguaje artístico global, falleció el 14 de agosto a los 97 años, según confirmó el estudio Yayoi Kusama, aunque no se especificó la causa. Kusama murió en un hospital en Tokio, rodeada por la misma pasión artística que definió su vida.

Un legado de puntos y dedicación

Según el comunicado del estudio, Kusama continuó pintando hasta sus últimos días, sin dejar nunca su pincel; “Ella siguió el camino del amor eterno y del alma infinita”, dijo el estudio. “Cumpliremos los deseos de Kusama y seguiremos brindando esperanza y fuerza a las personas en todo el mundo a través del arte”.

Como una de las artistas contemporáneas más respetadas de Japón, las obras de Kusama se exhibieron en instituciones importantes en todo el mundo, incluyendo el Museo de Arte Moderno, el Museo Whitney de Arte Americano en Nueva York y el Museo Ludwig en Alemania. Sus motivos repetitivos, que a menudo aparecían como redes, espirales o gusanos, se personificaron de manera notable en sus iconográficos lunares. Estos puntos se extendían por sus lienzos o aparecían como esferas luminosas y puntos de luz en sus instalaciones inmersivas, todas situadas en un mundo vibrante y psicodélico.

Arte e enfermedad: una vida sincronizada

“Los lunares son fabulosos”, dijo Kusama en una entrevista con The Associated Press en 2012 — En ese momento llevaba su característico pelo pelirrojo en forma de bob y un traje de lunares. “Quiero crear mil pinturas, quizás 2.000, todo lo que pueda dibujar”, dijo con su tono juvenil y directo; “Seguiré pintando hasta que muera”.

Kusama sostenía que pintaba el mundo tal como lo veía: cubierto de puntos que formaban parte de las alucinaciones que experimentaba desde la niñez; Durante décadas, entró y salió de instituciones psiquiátricas, pero su enfermedad nunca la detuvo de crear. Su arte se convirtió en una reflexión tanto de sus luchas mentales como de su incesante deseo de expresarse.

Alcance global y influencia duradera

La influencia de Kusama trascendió los museos y las galerías; sus instalaciones, como las famosas “Infinity Rooms”, se convirtieron en referentes culturales y atraeron a millones de visitantes en todo el mundo; su estética audaz y su enfoque valiente del arte la convirtieron en una figura definitoria del arte contemporáneo. Su legado sigue inspirando a nuevas generaciones de artistas y amantes del arte, con su obra aún expuesta en ciudades importantes de todo el mundo.

Su estudio destacó que cumplirán sus deseos promoviendo su visión y compartiendo su mensaje de esperanza; Como dijo Kusama una vez, su arte no era solo sobre belleza, sino sobre el poder duradero del amor y la naturaleza infinita del alma.