El ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia anunció el miércoles la expulsión de la embajadora estadounidense Elizabeth García, explicando que la decisión busca ‘preservar los principios de soberanía y no intervención en asuntos internos’. Esta medida se tomó en medio de protestas que han dejado al menos cuatro muertos y más de 40 bloqueos viales en el país; Un manifestante murió en enfrentamientos, mientras otros tres fallecieron tras ser impedidos de recibir atención médica adecuada debido a los bloqueos.

Funcionarios estadounidenses califican las protestas como ‘golpe’

El martes. El subsecretario de Estado estadounidense, Christopher Landau, calificó las protestas como ‘un golpe en curso’. En Washington. Landau declaró: ‘No cometamos el error de pensar de otra manera; se trata de un golpe financiado por esta perniciosa alianza entre política y delincuencia organizada en la región’.

El secretario de Estado, Marco Rubio, reiteró estas afirmaciones, señalando: ‘No haya duda: Estados Unidos apoya firmemente al gobierno constitucional legítimo de Bolivia; no permitiremos que criminales y narcotraficantes derroten a líderes elegidos democráticamente en nuestro hemisferio’.

Manifestantes y funcionarios discuten sobre el gobierno

Romer Cahuaza. Un trabajador del transporte en huelga que exige mejor provisión de combustible, advirtió de ‘derramamiento de sangre’ si el gobierno del presidente Luis Arce no se aparta. Por su parte. El ministro de Relaciones Exteriores. Fernando Aramayo, acusó a los manifestantes de intentar ‘perturbar el orden democrático’.

Bolivia atraviesa su peor crisis económica en cuatro décadas, marcada por escasez de dólares y combustible, así como una inflación elevada. Estas condiciones han persistido desde al menos los últimos años del mandato del anterior presidente, Luis Arce, cuando el partido MAS gobernaba el país.

Reacciones regionales y presiones económicas

El presidente colombiano, Gustavo Petro, afirmó en una entrevista radial que Bolivia ‘se desliza hacia el extremismo’. Esta observación refleja la preocupación regional por la inestabilidad política en Bolivia, con países vecinos observando de cerca la situación. Las protestas se perciben cada vez más como una expresión del descontento generalizado con la gestión económica y gubernamental.

El conflicto actual pone de relieve los crecientes desafíos que enfrenta Bolivia, al lidiar con presiones internas y externas. Las declaraciones de Estados Unidos han añadido una capa de atención internacional a la crisis, con el gobierno buscando reforzar su autoridad mientras los manifestantes exigen cambios.