Cristianos de todo Líbano celebraron el Viernes Santo el 3 de abril de 2026, pidiendo la paz mientras continuaban los ataques israelíes y las órdenes de evacuación en todo el país. El día. Marcado por rituales solemnes y reflexiones sobre la crucifixión de Jesús, adquirió un significado adicional en medio de la continua tensión en la región.

Servicios religiosos en medio de creciente tensión

Las iglesias en Beirut. Trípoli y otras ciudades permanecieron abiertas, aunque con menos asistentes debido a preocupaciones por la seguridad. En la Catedral Maronita de Beirut, un pequeño grupo de fieles se reunió para la Misa de medianoche, sus voces resonando en los sagrados pasillos mientras la ciudad permanecía bajo estado de emergencia.

El padre Joseph Mansour, un sacerdote local, dijo: ‘Estamos aquí no solo para recordar el sufrimiento de Cristo, sino para orar por el fin del sufrimiento de nuestro pueblo.’ El sacerdote señaló que muchos de sus feligreses habían abandonado la ciudad, siguiendo las órdenes de evacuación emitidas por el gobierno libanés en respuesta al aumento de los ataques aéreos israelíes.

A lo largo del país, los cristianos expresaron una profunda tristeza y esperanza. En Trípoli, un grupo de jóvenes creyentes sostuvo una vigilia con velas, sus cánticos por la paz mezclándose con los lejanos sonidos de las alarmas aéreas. ‘No pedimos la paz solo para nosotros mismos, sino para toda la región’, dijo un participante, quien pidió no ser identificado.

Órdenes de evacuación y impacto en la población civil

Las autoridades libanesas emitieron órdenes de evacuación para varias áreas del norte de Líbano, incluyendo partes del Valle del Bekaa, donde ha habido un aumento significativo en la actividad militar israelí. Las órdenes afectaron a miles de civiles, muchos de los cuales son cristianos, que tuvieron que abandonar sus hogares ante la amenaza de nuevos ataques.

Según las Naciones Unidas, más de 250.000 personas han sido desplazadas en Líbano desde el inicio del conflicto. Muchas de ellas buscan refugio en países vecinos, mientras que otras han sido temporalmente reubicadas en áreas más seguras dentro de Líbano. El impacto en la comunidad cristiana, que constituye alrededor del 10% de la población libanesa, ha sido especialmente grave, con muchos enfrentando la pérdida de sus hogares y medios de vida.

El primer ministro libanés, Najib Mikati, afirmó en un discurso reciente que el gobierno está haciendo todo lo posible para proteger a sus ciudadanos. ‘Estamos trabajando estrechamente con socios internacionales para garantizar que nuestro pueblo no corra más peligro’, dijo. Sin embargo, muchos ciudadanos siguen escépticos sobre la capacidad del gobierno para controlar la situación dada la complejidad del conflicto.

Reacciones internacionales y llamados a un alto el fuego

La comunidad internacional ha estado observando de cerca la situación en Líbano, con varios países llamando a un alto el fuego inmediato. Estados Unidos ha expresado preocupación por el aumento de las víctimas civiles y ha instado a todas las partes a desescaladar la situación.

El presidente francés, Emmanuel Macron, dijo en un comunicado que ‘la comunidad internacional debe actuar con determinación para evitar más pérdidas de vidas y restablecer la estabilidad en la región.’ También llamó a aumentar la ayuda humanitaria para ser entregada a áreas afectadas, incluyendo aquellas con poblaciones cristianas significativas.

En un movimiento inusual, el Vaticano emitió un comunicado condenando la violencia y exigiendo a todas las partes que regresen a la mesa de negociación. ‘El sufrimiento del pueblo en Líbano no debe ignorarse’, decía el comunicado. ‘Llamamos a un cese inmediato de las hostilidades y al retorno al diálogo.’

Mientras continúan los llamados a la paz, la realidad en el terreno sigue siendo sombría. Para los cristianos en Líbano, el Viernes Santo no fue solo un día de reflexión y oración, sino también un recordatorio claro de la crisis que continúa afectando sus vidas y las de sus vecinos en toda la región.