La franquicia Monster de Netflix continúa con su exploración de casos de crimen real con Monster: The Lizzie Borden Story, una nueva serie de ocho episodios que estrenará el 17 de septiembre de 2026. Creada por Ryan Murphy y Ian Brennan, la serie examina los controvertidos asesinatos de 1892 del padre y la madrastra de Lizzie Borden en Fall River, Massachusetts, y el misterio persistente de su posible participación. Al igual que otras entregas de la franquicia, la serie aborda temas de represión, roles de género y limitaciones sociales.

Elenco y producción

Ella Beatty interpreta a Lizzie Borden, mientras que Vicky Krieps, Charlie Hunnam, Rebecca Hall, Billie Lourd, Jessica Barden y Sarah Paulson aparecen en papeles secundarios; La producción promete un enfoque dramático y psicológico del caso, mezclando eventos históricos con interpretaciones creativas. Los creadores de la serie han abordado anteriormente casos de alto perfil, como los asesinatos de los hermanos Menendez y la historia de Aileen Wuornos, con quien Paulson ya trabajó en la franquicia.

Estructura y temas de los episodios

Cada episodio ofrece una visión del desgaste emocional y psicológico de la familia Borden; el primer episodio, titulado “Blutbad” (o “Matanza” en inglés), introduce la relación problemática de Lizzie con su dominante madrastra. Los episodios siguientes exploran el creciente vínculo entre Lizzie y su nueva mucama, Maggie, así como la creciente disfunción familiar; el último episodio, “Carnaval”, reflexiona sobre el impacto psicológico a largo plazo de los asesinatos y el legado de la historia de Lizzie en la cultura estadounidense.

Recepción y expectativas

Aunque la serie aún no ha sido revisada públicamente, las primeras reacciones sugieren una respuesta polarizada. Algunos elogian las audaces decisiones narrativas y la disposición de la serie para difuminar la línea entre hechos y ficción, mientras que otros la critican por sus licencias dramáticas, especialmente en la representación de detalles históricos. Los críticos señalan que el uso de diálogos y bandas sonoras anacrónicas, como The Runaways, ha generado debate sobre el equilibrio entre libertad creativa y precisión histórica.