El ministerio del Interior de Bahrein anunció el 8 de marzo que un ataque con drones iraníes dañó una planta de desalinización, una infraestructura clave para la región árida. El ataque, que ocurre en un momento de creciente tensión en el Golfo, ha generado temor de que los sistemas de agua puedan convertirse en un nuevo frente en conflictos regionales.

La desalinización como objetivo estratégico

Las plantas de desalinización son vitales para el Medio Oriente, donde la disponibilidad de agua es aproximadamente 10 veces menor que el promedio mundial, según el Banco Mundial. Estas instalaciones proporcionan la mayor parte del agua potable en varios países, incluyendo el 42 por ciento en los Emiratos Árabes Unidos, el 70 por ciento en Arabia Saudita, el 86 por ciento en Omán y el 90 por ciento en Kuwait, según el Instituto Francés de Relaciones Internacionales.

No obstante, el reciente ataque a la instalación de Bahrein no afectó el suministro de agua ni la capacidad de la red, según la oficina nacional de comunicación de Bahrein. A pesar de ello, el incidente ha destacado la vulnerabilidad de estos sistemas esenciales.

La economista del agua Esther Crauser-Delbourg advirtió que los ataques a esta infraestructura podrían desencadenar un conflicto mucho más grave que las hostilidades actuales. Dijo: ‘Allí, sin agua desalinizada, no hay nada’. El riesgo es especialmente grave en ciudades importantes como Dubai y Riad, que dependen en gran medida del agua desalinizada.

Precedentes históricos y vulnerabilidades

Las plantas de desalinización han sido reconocidas desde hace tiempo como objetivos estratégicos. Un informe del CIA de 2010 advirtió que interrumpir estas instalaciones en países árabes podría tener consecuencias más graves que la pérdida de cualquier otra industria o commodity. De manera similar, un cable diplomático estadounidense de 2008, publicado por WikiLeaks, afirmó que daños graves a la planta de desalinización de Jubail en Arabia Saudita podrían obligar a Riad a evacuar en una semana.

Los expertos señalan que estas plantas no solo son vulnerables a los ataques militares, sino también a apagones y contaminación del agua de mar, incluyendo derrames de petróleo. Philippe Bourdeaux, director regional para África y el Medio Oriente de la empresa francesa Veolia, dijo: ‘Hemos fortalecido el acceso y los controles en las inmediaciones de las plantas’. Su empresa suministra agua desalinizada a regiones incluyendo Jubail en Arabia Saudita y Muscat, Sur y Salalah en Omán.

Bourdeaux añadió que algunos países han comenzado a colocar sistemas de misiles alrededor de las principales plantas de desalinización para contrarrestar amenazas de drones y misiles. ‘Los eventos recientes, por supuesto, nos están obligando a ser extremadamente vigilantes’, dijo.

A pesar de estas medidas, la amenaza no es nueva. Los rebeldes hutíes respaldados por Irán en Yemen han atacado previamente plantas de desalinización en Arabia Saudita, mientras que una coalición liderada por Arabia Saudita ha respondido atacando infraestructuras de agua en Yemen, según el Instituto del Pacífico, que monitorea conflictos relacionados con el agua.

Implicaciones de una crisis de agua

La escasez de agua podría tener consecuencias de alcance amplio, afectando no solo la vida cotidiana, sino también la economía. Crauser-Delbourg dijo: ‘Podríamos ver potencialmente que ciudades importantes enfrenten una salida masiva. Y racionamiento’. El impacto en el turismo, la industria y los centros de datos, que consumen grandes cantidades de agua para enfriamiento, podría ser grave.

No obstante, existen algunas salvaguardias. Las plantas de desalinización suelen estar interconectadas, lo que puede limitar el impacto si una instalación se detiene. La mayoría también tiene reservas equivalentes a dos a siete días de consumo de agua, suficientes para evitar escaseces siempre que las interrupciones no se prolonguen.

El ataque reciente en Bahrein ha generado preguntas sobre el futuro de la infraestructura de agua en la región. Con el Medio Oriente ya enfrentando una de las crisis de agua más graves del mundo, el ataque a las plantas de desalinización podría convertirse en un nuevo punto de fricción en conflictos en curso.

A medida que la situación evoluciona, los expertos están vigilando estrechamente los acontecimientos. Las próximas medidas podrían incluir un aumento de medidas de seguridad, esfuerzos diplomáticos internacionales y posibles cambios en políticas regionales orientados a proteger infraestructuras críticas de futuros ataques.