Buenos Aires — La Argentina enfrentaba una colapso económico hace apenas dos años. El PIB se contraía un 2% anual. Los salarios reales caían aún más rápido. La inflación mensual alcanzaba el 13%. La pobreza afectaba al 42% de la población. Los alquileres se disparaban. El déficit fiscal crecía. Las tasas de interés subían.
Los electores optaron por el libertario Javier Milei a finales de 2023. Él asumió el cargo y actúo con rapidez. Su gobierno redujo el gasto en un 30%. Desmanteló alrededor de 200 organismos. Congeló los presupuestos para los beneficiarios. Los empleos en el sector público cayeron un 20%. Los salarios reales de los funcionarios descendieron. Las impuestos se redujeron. Las regulaciones desaparecieron. El banco central dejó de imprimir dinero.
Los críticos pronosticaron el colapso. Pero los resultados demostraron que se equivocaron. El presupuesto se equilibró. La pobreza disminuyó. Los salarios del sector privado subieron. El PIB creció. La inflación se redujo significativamente.
Las autoridades atribuyen el crecimiento al corte de la burocracia. Según los datos del gobierno, la economía argentina creció tras la reducción del tamaño del Estado. Las inversiones privadas llenaron el vacío dejado por la recesión pública.
El equipo de Milei desafió el pensamiento económico tradicional. Muchos políticos y medios siguen aferrados a una ecuación simple: producción igual a consumo más inversión más gasto gubernamental más exportaciones netas. Según ellos, aumentar el gasto público eleva la producción. La Argentina lo refuta.
La creación de riqueza depende de la inversión privada, no de los gastos estatales. Las medidas de Milei liberaron recursos para el sector privado. Siguieron aumentos de productividad. La pobreza disminuyó a medida que los empleos crecieron fuera del sector público.
Un analista sostiene que Australia podría aprender con esto. Su gobierno debería reducir la burocracia para impulsar el crecimiento. El exceso de empleados públicos actúa como un freno, igual que en la Argentina pre-Milei.
Milei abordó otra crisis: la energía. La Argentina conoce bien el riesgo político. Los gobiernos cambian de política, asustando a los inversores. Milei respondió con el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones, o RIGI.
El RIGI se enfoca en proyectos grandes en energía y otras áreas clave. Ofrece garantías de 30 años contra cambios fiscales o regulatorios. Los contratos incluyen arbitraje internacional. Los futuros gobiernos no pueden incumplir sin penalidad.
El plan funcionó. Las tasas de interés reales cayeron un 15%. Ingresaron decenas de miles de millones en nuevas inversiones. Los proyectos energéticos avanzaron sin miedo a cambios de política.
Australia enfrenta un desafío similar. Posee grandes reservas de carbón, gas y uranio. La energía debería ser barata. Sin embargo, los precios suben. Los inversores evitan las plantas de carbón, gas y nuclear. Temen que futuros gobiernos prioricen los objetivos de cero emisiones sobre la energía confiable.
El riesgo político oculta costos enormes. La falta de capacidad de base significa facturas más altas y apagones. El RIGI de Milei podría inspirar a Australia. Ofrecer garantías irrevocables. Observar cómo fluyen las inversiones. Los precios caerían.
No todas las políticas argentinas encajan en Australia. Las escalas difieren. Los contextos varían. Sin embargo, dos lecciones destacan: reducir la burocracia. Establecer la estabilidad de las inversiones.
Líderes globales permanecen callados. El éxito de Milei desafía la ortodoxia del gran gobierno. Los medios principales minimizan el giro. Los analistas predijeron el fracaso. La realidad exige atención.
La tasa de pobreza en Argentina ha caído por debajo del 40%. La inflación anualizada se situó por debajo del 3% mensual a finales de 2025. Los salarios reales suben. El capital extranjero vuelve. La apuesta de Milei dio resultados.
Los economistas siguen los indicadores mensuales. El consumo privado impulsa el crecimiento. Las exportaciones aumentan por costos competitivos. La desempleo disminuye a medida que las empresas contratan.
Las reformas continúan. Milei mira hacia una desregulación más profunda. Las leyes laborales se relajan. Las barreras comerciales desaparecen. Los críticos persisten. Los partidarios señalan los números.
Las preocupaciones energéticas en Australia empeoran. Los precios al por mayor se duplicaron en 2024. Los apagones amenazan sin capacidad de base. Pactos similares al RIGI podrían cambiar eso. Los legisladores vacilan.
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