El presidente de Djibouti, Ismail Omar Guelleh, quien ha gobernado durante casi tres décadas el país ubicado en el estratégico Cuerno de África, enfrentará solo un rival poco conocido en las próximas elecciones presidenciales, según un decreto oficial publicado el miércoles. El líder de 78 años buscará un sexto mandato el 10 de abril tras que los legisladores aprobaran en noviembre una enmienda constitucional para eliminar el límite de edad de 75 años. Su único rival es Mohamed Farah Samatar, exmiembro del partido gobernante cuyo partido, Centro Democrático Unido, no posee escaños parlamentarios.

Un cruce estratégico

Djibouti, hogar de alrededor de un millón de personas, alberga bases militares vitales para Estados Unidos, China, Francia y otras potencias cerca del estratégico Mar Rojo y Golfo de Adén. Guelleh, en el poder desde 1999, ha mantenido una relativa estabilidad en una región problemática. La importancia geográfica del país lo ha convertido en un actor clave en la seguridad y comercio regional, con sus puertos como puertas críticas para rutas marítimas internacionales.

Según la Autoridad de Puertos y Zonas Libres de Djibouti, los puertos del país manejan más de 20 millones de contenedores anuales, según datos de 2025, con proyecciones de crecimiento continuo. Este rol económico ha reforzado la importancia estratégica de Djibouti, convirtiéndolo en un punto focal de intereses militares y económicos extranjeros.

La administración de Guelleh ha destacado siempre el rol del país como un centro regional, con inversiones de gobiernos extranjeros y entidades privadas en infraestructura, logística y seguridad. Sin embargo, críticos argumentan que este enfoque ha venido en detrimento de las libertades políticas nacionales y la transparencia en la gobernanza.

Preocupaciones democráticas

Un exasesor presidencial, Alexis Mohamed, quien renunció en septiembre citando ‘retroceso democrático’, no pudo presentar su candidatura, afirmando que carecía de ‘garantías de seguridad’ para regresar del extranjero. La ausencia de figuras de oposición destacadas en la carrera ha generado preocupaciones sobre la legitimidad del proceso electoral.

Djibouti ocupa el puesto 168 de 180 en el índice de libertad de prensa de Reporters Without Borders, y la Federación Internacional de Derechos Humanos afirma que las elecciones ‘no son libres’ en el país. El país ha enfrentado críticas consistentes de organizaciones internacionales de derechos humanos durante la última década por supuestas restricciones a la participación política y la libertad de expresión.

Según un informe de 2025 de la Federación Internacional de Derechos Humanos, Djibouti no ha celebrado una elección libre y justa en más de 20 años. La organización ha llamado a una mayor transparencia en el proceso electoral y a la inclusión de candidatos independientes en futuros comicios.

Analistas locales han coincidido en estas preocupaciones, con un analista djibouti que le dijo a AFP: ‘No hay duda sobre el resultado’. Este sentimiento refleja la percepción de que la reelección de Guelleh está prácticamente garantizada, a pesar de los cambios legales que le permiten postularse para un sexto mandato.

Lo que dicen los analistas

Analistas políticos han señalado que la dominancia de Guelleh en Djibouti no se debe solo a su control del gobierno, sino también a su capacidad para reprimir la oposición. La eliminación del límite de edad en noviembre ha sido ampliamente vista como un movimiento para asegurar su continuidad en el poder, sin que se espera una verdadera oposición creíble.

‘El paisaje político en Djibouti está altamente controlado, y la ausencia de una oposición fuerte es el resultado de años de consolidación del poder por parte del partido gobernante’, dijo un analista en una reciente entrevista. ‘Las próximas elecciones son más bien una formalidad que un verdadero concurso por el liderazgo.’

A pesar de la falta de competencia, la elección tendrá lugar según lo programado el 10 de abril. Se espera la presencia de observadores internacionales, aunque su presencia es principalmente simbólica, dada la limitada accesibilidad a los medios independientes y la ausencia de oposición significativa.

Según la misión de observadores de la Unión Africana, el grupo vigilará el proceso electoral para garantizar el cumplimiento de los estándares regionales. Sin embargo, la UA no ha emitido ninguna declaración formal sobre la imparcialidad del proceso, lo que sugiere una falta de confianza en el mismo.

¿Qué sigue?

La elección está programada para el 10 de abril, con resultados esperados dentro de una semana. Si Guelleh gana, servirá su sexto mandato, consolidando su posición como uno de los líderes más longevos de África. Su reelección también extendería la influencia del partido gobernante, que ha controlado el gobierno de Djibouti durante más de 20 años.

Las relaciones internacionales también se espera que sigan siendo un enfoque para la administración de Guelleh, ya que el país continúa albergando bases militares extranjeras y participando en acuerdos comerciales con potencias globales. Estados Unidos, China y Francia han expresado interés en la ubicación estratégica de Djibouti, y su influencia probablemente persistirá independientemente del resultado electoral.

Internamente, la falta de competencia política ha generado preocupaciones sobre el futuro de la democracia en Djibouti. Sin una oposición viable, el país corre el riesgo de una mayor erosión de las libertades políticas y una centralización creciente del poder. Grupos de la sociedad civil han llamado a reformas para garantizar un proceso político más transparente e inclusivo en los próximos años.

La comunidad internacional, incluyendo las Naciones Unidas y diversas organizaciones de derechos humanos, ha instado a Djibouti a tomar medidas hacia una mayor apertura política. Sin embargo, el gobierno no ha indicado planes inmediatos para abordar estas preocupaciones, citando la necesidad de estabilidad y desarrollo económico como sus prioridades principales.