Un juez federal ordenó al gobierno de Trump traer de vuelta a Estados Unidos a una mujer colombiana desde la República del Congo, país al que fue deportada a pesar de que no aceptó su llegada, informó The Guardian. El juez federal Richard Leon dictaminó el miércoles que la deportación de Adriana María Quiroz Zapata “fue probablemente ilegal”. Quiroz Zapata, de 55 años, quien padece diabetes y una afección tiroidea, “fue enviada a un país que rechazó aceptarla porque no puede brindar una atención médica suficiente”, indicó el fallo judicial. “Como resultado, enfrenta un riesgo diario de complicaciones médicas, hasta incluso la muerte”. Mientras estaba detenida, comenzaron a aparecer manchas negras en la espalda y el pie de Quiroz Zapata, su piel comenzó a descamar y sus uñas se oscurecieron, según una declaración que Quiroz Zapata presentó ante el tribunal, y que su abogado entregó a la Associated Press. “Ella no se encuentra bien y teme que vaya a morir”, dijo su abogada, Lauren O’Neal. Quiroz Zapata entró a Estados Unidos desde México en agosto de 2024 y fue detenida por el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE). Desde que fue deportada, vive en un hotel en Kinshasa, la capital de la República del Congo. Las puertas del hotel están cerradas con llave, indicó O’Neal. Quiroz Zapata y otros deportados salen raramente, y solo bajo supervisión, añadió. Quiroz Zapata fue una de las miles de personas que vivían legalmente en Estados Unidos, esperando decisiones sobre sus solicitudes de asilo, cuando de repente recibieron órdenes de deportación que las ordenaban expulsar a países donde la mayoría no tiene conexiones. Más de 15,000 órdenes de deportación a terceros países se emitieron en el empeño de la Casa Blanca por aumentar las expulsiones migratorias, según grupos defensores, aunque solo una fracción de las órdenes se han llevado a cabo. Pocos detalles se conocen sobre los acuerdos para aceptar a estos deportados, aunque Estados Unidos los ha firmado con una variedad de países, incluyendo Ecuador, Honduras, Uganda, Camerún y la República del Congo. Los grupos defensores estiman que, como máximo, se han realizado un par de cientos de deportaciones a terceros países.
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