Leonidas Zelmanovitz, un destacado comentarista económico, advierte que Estados Unidos se encuentra al borde de una inminente crisis de prestaciones, donde el costo de los programas sociales supera la capacidad del país para financiarlos. Según un estudio reciente de Dominik Lett, para 2036, la seguridad social, Medicare, Medicaid y los costos de intereses consumirán el 73% del gasto total federal, casi el 100% de todos los ingresos federales. Esta proyección resalta un creciente desequilibrio entre el gasto gubernamental y los recursos disponibles para financiarlo.

Prestaciones y déficits fiscales

El estudio revela que la estructura actual de los programas de prestaciones, incluyendo pensiones y servicios de salud, es un factor principal de déficits fiscales y deuda pública. Zelmanovitz explica que el Estado recauda menos recursos de los necesarios para pagar todos los bienes y servicios que transfiere a los beneficiarios. Esto crea un desequilibrio monetario, donde los jubilados actuales consumen los recursos pagados por los contribuyentes actuales, en lugar de invertirlos para necesidades futuras.

Los contribuyentes trabajadores suelen ver sus aportaciones al gobierno como préstamos que se pagarán a través de beneficios futuros. Sin embargo, Zelmanovitz señala que estos fondos no se invierten para generar recursos futuros, sino que se consumen de inmediato. Esta desalineación entre aportaciones y beneficios futuros es central a la actual crisis fiscal.

Bondes y ilusión de riqueza

Zelmanovitz destaca que los ahorradores, que poseen bonos del gobierno, suelen creer que estos instrumentos representan riqueza real. Sin embargo, argumenta que esta riqueza ya ha sido consumida y no invertida. Esto genera distorsiones en los tipos de interés y las tasas de cambio, ya que la ilusión de riqueza persiste a pesar de la falta de valor económico subyacente.

Estas distorsiones llevan a una disyuntiva entre el valor económico real y la riqueza percibida. Zelmanovitz advierte que en algún momento, toda sociedad que cree en derechos falsos enfrentará su día de cuenta. Subraya que a menos que se realicen cambios significativos, Estados Unidos no será inmune a esta realidad.

Reinicio de las prestaciones: un camino hacia adelante

Zelmanovitz propone un reinicio integral de las prestaciones como solución a la crisis. Arguye que el sistema actual crea una ilusión de riqueza, consolida comportamientos de renta y hace imposible la reforma parcial desde el punto de vista político. Un reinicio implicaría reemplazar todos los programas de transferencia con una única transferencia en efectivo basada en el ingreso, asegurando que las personas por encima del umbral de la pobreza reciban el apoyo necesario.

Además, Zelmanovitz sugiere recalibrar las pensiones y otras prestaciones por encima del mínimo basándose en aportaciones reales y gráficos actuariales. Este enfoque garantizaría que los beneficios se alineen con la realidad financiera de las aportaciones, promoviendo la equidad y la sostenibilidad fiscal.

Zelmanovitz reconoce que la idea de un reinicio de las prestaciones puede sonar inicialmente delirante. Sin embargo, cree que podría ser la única propuesta capaz de alcanzar un consenso amplio, devolviendo al país un camino de disciplina fiscal y concordancia política.

A pesar de la urgencia del asunto, Zelmanovitz señala que el sistema político en Estados Unidos está estructurado para resistir reformas radicales. Arguye que el sistema de gobierno estadounidense fue diseñado para frenar reformas radicales y permitir solo aquellas que gozan de un amplio consenso. Esta estructura, aunque pensada para evitar decisiones precipitadas, podría también obstaculizar cambios necesarios ante una crisis creciente.

Mientras se acerca a su 65º cumpleaños, Zelmanovitz reflexiona sobre las implicaciones personales de la inminente crisis de prestaciones. Reconoce la inquietud que surge al leer propuestas para reducir beneficios a jubilados con otras fuentes de ingresos. Siente un sentido de derecho bajo las reglas actuales, aunque reconoce la injusticia del contrato social actual, donde la mayoría de los estadounidenses pagan menos en Medicare de lo que recibirán.

Zelmanovitz cuestiona si sigue siendo cierto que la mayoría de los estadounidenses se opondría a un programa que redistribuya la riqueza de quienes pagan más a quienes pagan menos. Sugiere que si bien muchos apoyarían la asistencia a quienes realmente lo necesitan, podrían resistirse a brindar beneficios a quienes son capaces de trabajar pero eligen no hacerlo.

Se apoya en las palabras de Frederic Bastiat, quien una vez dijo: «El Estado es la gran ficción mediante la cual todos intentan vivir a expensas de todos los demás». Esta cita encapsula el dilema ético y político que rodea la reforma de las prestaciones, donde el problema de acción colectiva dificulta la implementación de cambios necesarios.

Zelmanovitz concluye que el único camino hacia adelante es un reinicio integral de las prestaciones percibido como justo por la ciudadanía. Esto implicaría un cambio de las estructuras actuales de prestaciones a un sistema que alinee aportaciones con beneficios, asegurando la sostenibilidad fiscal a largo plazo y la equidad social.