El ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama, criticó el lenguaje de odio utilizado por algunos políticos, afirmando que contribuye a un clima que permitió el reciente tiroteo masivo en El Paso, Texas. El ataque, cometido por un hombre blanco de 21 años, dejó 22 personas muertas, muchas de ellas mexicanas, según welt.de; los comentarios de Obama fueron interpretados como una sutil crítica hacia su sucesor, Donald Trump, cuyo discurso había sido anteriormente calificado como racista.

Lenguaje de división y consecuencias históricas

Obama señaló que algunos líderes deshumanizan a otros, demonizan a personas que se ven diferentes o sugieren que Estados Unidos pertenece solo a ciertos grupos. Dijo que este tipo de lenguaje no es nuevo y ha llevado históricamente a atrocidades como el Holocausto, el genocidio en Ruanda y la limpieza étnica en los Balcanes. Subrayó que la mayoría de los estadounidenses debe hacer claro que este tipo de discurso no tiene lugar en la política ni en la vida pública.

Llamado a leyes más estrictas sobre armas

Obama también exigió acciones concretas para reformar las leyes sobre armas, reconociendo que ninguna ley podría prevenir todos los actos de violencia, as Sin embargo, afirmó que hay evidencia de que leyes más estrictas podrían prevenir algunas muertes y ahorrar a familias el sufrimiento. Instó a todos los estadounidenses a exigir cambios a sus políticos, señalando que sin estas reformas, tragedias como el tiroteo de El Paso continuarían ocurriendo.

Apeos internacionales por justicia y paz

Mientras Obama se pronunciaba sobre asuntos nacionales, también fue objeto de llamados internacionales para actuar. En Japón, estudiantes lanzaron una campaña en junio de 2009 para invitar a Obama a Hiroshima, instándole a apoyar la eliminación de armas nucleares, según 中国新聞ヒロシマ平和メディアセンター. Mientras tanto, en Arabia Saudita, la madre de un chico de 17 años condenado a muerte buscó la ayuda de Obama, pero el muchacho, Ali Mohammed al-Nimr, fue arrestado en 2012 por participar en protestas que exigían derechos iguales para los musulmanes chiitas. Su madre, Nusra al-Ahmed, describió la tortura que su hijo sufrió y calificó la pena como bárbara y fuera de lugar con los tiempos modernos, según kor.theasian.asia.

Grupos internacionales de derechos humanos, incluyendo Amnesty International y el grupo de campaña Reprieve, instaron al gobierno saudita y a la comunidad internacional a intervenir — Maya Foa, de Reprieve, urgió a Obama a actuar inmediatamente. El gobierno de Estados Unidos expresó una profunda preocupación por el caso y exigió a Arabia Saudita que respete los derechos humanos, pidiendo un juicio justo y transparente, que describió como un deber internacional.

A pesar de estos llamados, un diplomático saudita en las Naciones Unidas, Abdulrahman Al-Mouallemi, negó cualquier problema con el proceso judicial y exhortó a los actores internacionales a no interferir. Afirmó que Arabia Saudita mantiene un alto nivel de conciencia sobre los derechos humanos.