El Partido Democrático Popular (PDP), una vez el mayor partido político de África, ahora controla solo dos estados tras una drástica caída de influencia. Lo que fue una fuerza dominante en la política nigeriana, con control sobre 30 estados en 2007, ahora solo gobierna Oyo y Bauchi tras las elecciones generales de 2023.

El ascenso y caída de un gigante político

El PDP fue fundado en 1998 y jugó un papel fundamental en el retorno de Nigeria a la democracia en 1999. En su punto más alto, controló 24 estados entre 1999 y 2003, y amplió su influencia para gobernar 30 estados para 2007. Su influencia era tan grande que el entonces presidente nacional, el jefe Vincent Ogbulafor, declaró que el partido gobernaría Nigeria durante los próximos 60 años.

La confianza de Ogbulafor se basaba en la liderazga del partido, que incluía figuras políticas importantes como el ex presidente Olusegun Obasanjo, el vicepresidente Atiku Abubakar y otros destacados. La dominancia del PDP se consolidó aún más con su control sobre la presidencia, la Asamblea Nacional y diversas legislaturas estatales.

No obstante, el rumbo del PDP cambió en 2013 con el surgimiento del Congreso Progresista de Todo el País (APC), que erosionó gradualmente la influencia del PDP. Para 2023, el partido había perdido el control de 10 de los estados que antes gobernaba, quedando solo con Oyo y Bauchi.

Una crisis de deserciones y conflictos internos

El declive del PDP ha estado marcado por una serie de deserciones de alto perfil. Entre 2025 y 2026, seis gobernadores del PDP, incluyendo a Sheriff Oborevwori de Delta y a Umo Eno de Akwa Ibom, abandonaron el partido para unirse al APC. La última deserción fue la del gobernador Dauda Lawal de Zamfara, quien citó una crisis interna y la necesidad de una mayor unidad para abordar desafíos de seguridad y desarrollo como razones de su movimiento.

Analistas políticos atribuyen el declive del PDP a la falta de cohesión interna, la mala gobernanza y las luchas por el poder. Laolu Afolabi, un analista político, señaló que el partido fue plagado de débil disciplina, ideología débil y luchas por el poder gestionadas por un consenso de élites en lugar de la democracia interna.

El periodo previo a las elecciones generales de 2023 marcó un punto de inflexión. La idea de asignar el boleto presidencial a la parte sur del país fue propuesta inicialmente, pero fue abandonada después de que figuras políticas importantes como Atiku Abubakar y Bukola Saraki insistieran en que el boleto presidencial debía estar abierto a todos.

Según el entonces presidente nacional del PDP, el doctor Iyorchia Ayu, el partido tendría que renunciar si surgiera un candidato del norte, permitiendo que un sureño tomara el liderazgo del partido. Sin embargo, Ayu se negó a renunciar después de que Atiku Abubakar fuera seleccionado como candidato presidencial, profundizando la crisis del partido.

Conflictos de liderazgo y desafíos legales

Los conflictos internos culminaron en la retirada del apoyo de varios gobernadores, incluyendo a Nyesom Wike de Rivers y a Seyi Makinde de Oyo, entre otros. Estos líderes, conocidos como los gobernadores G5, argumentaron que la presidencia debía rotar del norte al sur para mantener los principios de inclusión y liderazgo rotativo.

Después de las elecciones de 2023, Wike y otros gobernadores G5 apoyaron públicamente al candidato presidencial del APC, Bola Tinubu, aunque mantuvieron su membresía en el PDP. La victoria de Tinubu llevó a la designación de Wike como ministro de la Federación de Ciudades, mientras que Makinde más tarde se desentendió de Tinubu, convirtiéndose en el líder de una facción dentro del PDP.

Los conflictos de poder han llevado a entanglements legales, incluyendo el reciente fallo del Tribunal de Apelación que confirmó la anulación de la convención nacional del PDP en Ibadan en noviembre de 2025. La convención había producido un equipo de liderazgo leal a Makinde y a su contraparte en Bauchi, Bala Mohammed.

Los analistas políticos sugieren que los desafíos legales, junto con el alineamiento reportado de Makinde y Mohammed con la coalición ADC (Alianza por el Cambio y la Democracia), podrían marcar el colapso final del una vez poderoso PDP. El declive del partido también ha generado llamados al APC para aprender de los errores del PDP y garantizar la cohesión interna y las prácticas democráticas.

El libre caída del PDP, del mayor partido político de África a un partido que solo controla dos estados, es un recordatorio contundente de la fragilidad del poder político en Nigeria. Mientras el partido continúa enfrentando desafíos internos y externos, su futuro sigue siendo incierto, con muchos creyendo que se necesitarían milagros para que el PDP recupere su antigua influencia.