Un ataque contra una instalación sanitaria en Sudán ha dejado 64 muertos y 89 heridos, informó la Organización Mundial de la Salud el sábado. El ataque ocurrió en el Hospital Universitario El-Daein, en el este del Darfur, una región controlada por las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), y según el grupo de derechos humanos Emergency Lawyers, fue llevado a cabo por un dron del ejército sudanés. El incidente ha generado condenas generalizadas por parte de organismos internacionales, incluido la ONU, que lo describió como ‘atrocidad’.
Ataque confirmado a una instalación sanitaria
La OMS confirmó el ataque el viernes y señaló que involucró ‘violencia con armas pesadas’ que afectó al hospital, al personal médico, a los pacientes y a los suministros. Aunque la OMS no asigna responsabilidades en estos casos, el ataque forma parte de un patrón creciente de violencia contra instalaciones sanitarias en Sudán. Sin embargo, la organización ha estado monitoreando ataques contra la atención médica desde el inicio del conflicto, que comenzó en abril de 2023.
El ataque contra el Hospital Universitario El-Daein es el más reciente de una serie de ataques contra instalaciones médicas en todo el país. Según el sistema de vigilancia de la OMS, más de 1.800 personas han muerto en ataques contra instalaciones sanitarias desde el inicio de la guerra, incluyendo a 173 trabajadores de la salud. Solo este año, se han registrado 12 tales ataques, que han causado 178 muertos y 237 heridos.
Conflicto en aumento y víctimas civiles
La guerra en Sudán ha dejado a miles de personas muertas y ha desplazado a más de 11 millones, según la ONU. El conflicto también ha alimentado lo que la ONU describe como la crisis de desplazamiento y hambre más grande del mundo, con más de 33 millones de personas que necesitan ayuda humanitaria. La situación ha empeorado a medida que tanto el ejército sudanés como las FAR continúan usando drones para realizar ataques en áreas pobladas.
El-Daein, la capital del este del Darfur controlada por las FAR, ha sido objeto de ataques frecuentes por parte del ejército sudanés, que intenta empujar a las fuerzas paramilitares hacia sus bastiones en el Darfur. A principios de este mes, el ejército atacó el mercado de la ciudad, incendiando barriles de petróleo que ardieron durante horas. Los ataques aéreos con drones casi diarios se han convertido en una característica del conflicto, con informes de decenas de civiles muertos en un solo momento, principalmente en la región del sur de Kordofán.
El jefe de derechos humanos de la ONU, Volker Türk, expresó su ‘asombro’ tras reportes de más de 200 civiles muertos por ataques con drones durante un período de ocho días este mes. Señaló que ‘las partes involucradas en el conflicto en Sudán continúan usando drones cada vez más potentes para desplegar armas explosivas con impacto en grandes áreas en zonas pobladas’.
Respuesta internacional y preocupaciones humanitarias
Los repetidos ataques contra hospitales y instalaciones sanitarias han generado duras críticas por parte de la comunidad internacional, ya que la ONU ha condenado reiteradamente el ataque a la infraestructura médica, afirmando que tales ataques violan el derecho humanitario internacional. A pesar de estas condenas, los ataques continúan, sin una reducción significativa en la violencia ni responsabilidades por parte de quienes los llevaron a cabo.
La OMS ha subrayado la necesidad de una mayor protección para las instalaciones sanitarias y para las personas que trabajan en ellas. En su último informe, la organización advirtió que los ataques continuos no solo están matando a civiles, sino que también están debilitando la capacidad de los trabajadores médicos para brindar atención a quienes lo necesitan. Esto ha llevado a una escasez crítica de suministros médicos y personal en algunas de las áreas más afectadas.
Según la ONU, más de 33 millones de personas en todo el país necesitan ayuda, incluyendo alimentos, agua, refugio y atención médica. La situación en Sudán se ha vuelto cada vez más grave, con la crisis humanitaria alcanzando niveles históricos. El conflicto también ha interrumpido la producción agrícola y el acceso al agua potable, empeorando aún más las condiciones ya precarias de la población.
La comunidad internacional ha llamado a un cese inmediato del fuego y a mayores esfuerzos para proteger a los civiles y a los trabajadores médicos. Sin embargo, con tanto el ejército sudanés como las FAR continúan llevando a cabo ataques, las perspectivas de una resolución siguen siendo inciertas. El conflicto no muestra signos de detenerse, y la situación humanitaria continúa empeorando.
Con ningún final a la vista, la comunidad internacional enfrenta el desafío de encontrar una manera de poner fin a la violencia y proporcionar el apoyo necesario a quienes han sido afectados por el conflicto. El ataque contra el Hospital Universitario El-Daein es un recordatorio contundente del costo humano de la guerra en Sudán.
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