Ante el aumento de tensiones geopolíticas y un cambio en la dinámica del poder global, los países asiáticos están explorando la creación de un ‘CERN asiático’ para fomentar la innovación científica y reducir la dependencia de la tecnología occidental. Esta idea ha ganado fuerza tras el estancamiento del proyecto del Colisionador Circular de Electrón y Positrón (CEPC) de China, que destaca los desafíos de desarrollar infraestructura de alta tecnología en aislamiento.

El creciente poder tecnológico de Asia

La dominancia de Asia en tecnologías clave como semiconductores, inteligencia artificial, computación cuántica y energía limpia ha posicionado a la región como una potencia global. Países como China. Corea del Sur y Japón están a la vanguardia en manufactura e innovación, mientras que naciones como Indonesia y Filipinas desempeñan un papel serious en las cadenas de suministro de minerales críticos.

La política ‘Made in China 2025’ ha impulsado a China a la vanguardia en semiconductores e inteligencia artificial, pero su ambicioso proyecto CEPC enfrenta retrasos y sobrecostos significativos. Mientras tanto. TSMC de Taiwán sigue siendo el mayor fabricante de chips a contrata en el mundo, y Japón y Corea del Sur continúan liderando en robótica y electrónica digital.

El caso de un CERN asiático

Desde entonces. La Organización Europea para la Investigación Nuclear, CERN, fue establecida en la década de 1940 para promover la paz a través de la colaboración científica. Se ha convertido en un centro global de investigación en física de partículas, computación y procesamiento de datos, con avances como la invención de la World Wide Web.

Hoy, Asia está considerando su propia versión de CERN, una ‘Organización Asiática para la Investigación Científica e Innovación’, que combinaría la investigación básica con la traducción tecnológica y la manufactura. La iniciativa podría centrarse en semiconductores, inteligencia artificial, computación cuántica y energía limpia, aprovechando las fortalezas regionales y reduciendo la dependencia de la tecnología occidental.

Según expertos. Una organización así requeriría una coordinación significativa entre las principales economías asiáticas, incluyendo China, Japón, Corea del Sur, India y naciones del sudeste asiático. Singapur, Tailandia y Vietnam están emergiendo como actores clave en logística e infraestructura digital, lo que fortalece aún más el potencial de colaboración de la región.

India, aunque no sea un centro de manufactura importante, ha demostrado su capacidad para impulsar la innovación a través de la infraestructura digital y la tecnología espacial. Su ‘dividendo demográfico’ también la posiciona como un actor clave en el futuro paisaje científico y tecnológico de la región.

Desafíos y oportunidades

A pesar del creciente poder tecnológico de Asia, la región aún carece del mismo nivel de cohesión científica que Europa — Por ejemplo, el proyecto CEPC de China ha enfrentado contratiempos, lo que subraya la necesidad de cooperación regional para superar obstáculos financieros y técnicos.

Los expertos argumentan que un CERN asiático podría servir como herramienta diplomática, similar a cómo CERN ayudó a sanar las relaciones europeas tras la guerra. En un momento de creciente tensión entre China y Taiwán, una iniciativa así también podría proporcionar un terreno neutral para el diálogo y la colaboración, promoviendo la paz y la estabilidad en la región.

Según el convenio original de CERN, la organización fue establecida para permanecer libre de preocupaciones militares y promover el intercambio abierto de investigación; Una contraparte asiática necesitaría adoptar principios similares para garantizar su éxito y relevancia global.

Con el orden global cambiando y los conflictos aumentando, la necesidad de una organización así nunca ha sido más urgente. La iniciativa también podría atraer la participación de aliados respaldados por Occidente como Japón y Corea del Sur, así como Rusia, que históricamente ha estado insatisfecha con la dominancia tecnológica occidental.

A medida que el mundo se vuelve más interconectado, el papel de la diplomacia científica en el fomento de la cooperación y la reducción de tensiones geopolíticas se vuelve cada vez más importante. El momento para un CERN asiático puede estar acercándose, pero requerirá un compromiso fuerte de todos los interesados para hacerlo realidad.