Charli XCX se mueve entre encuentros con fans y interferencias corporativas en su nuevo documental farsa ‘The Moment’. Estrenado en septiembre de 2024, tres meses después del lanzamiento de su sexto álbum ‘Brat’, la película ilumina la constante dinámica de la industria musical. Los fans confiesan en breves explosiones de cinco segundos cómo ‘Brat’ les salvó de pensamientos suicidas. Charli, cuyo nombre real es Charlotte Emma Aitchison, lo acepta todo con tensión y ojos muy abiertos.
El tono cambia a la mitad. Su visión creativa se derrumba bajo las exigencias de Atlantic Records, Amazon y sus patrocinadores. Patricia Arquette aparece como la cabeza de la discográfica, empujando agendas sin alma. Alexander Skarsgård interpreta al director contratado para la filmación del concierto, una figura siniestra que recita jerga pseudo-espiritual como ‘Hablemos de ello’ y ‘Entiendo tu punto’. Su creepiness exagerado lo convierte en el villano perfecto para odiar.
Amazon aprobó el proyecto a pesar de las críticas a su fórmula de filmación de conciertos. Las discográficas aceptan su retrato ‘malo’, exprimiendo a los artistas. Todos juegan. La película, producida por insiders de la industria, expone sus defectos con una alegría interna.
‘Brat’ dominó el verano de 2024. Su estética tóxica verde inundó redes sociales, memes, pantallas publicitarias y hasta la campaña de Kamala Harris. Las corporaciones persiguieron la notoriedad. Una escena muestra un banco fallido que propone una ‘Tarjeta Brat’ para clientes LGBTQ+—el objetivo supuesto de la aprobación de Charli.
El álbum canaliza el hedonismo nihilista: ‘No me importa, me encanta’. Las vibes de club mezclan camisetas de Aphex Twin con minifaldas de Britney Spears. La ironía elimina las líneas culturales antiguas. ‘The Moment’ extiende ‘Brat Summer’ en una era completa, reemplazando el ‘girl power’ de las Spice Girls con el toque de los años 2020—’cunt’ escrito con audacia.
Charli mantiene su personaje, nerviosa pero dominante. Detiene el preparativo de gira con el freno de emergencia, exaspera a su equipo, y luego huye a un spa en Ibiza. Kylie Jenner aparece como una sacerdotisa cosmética que sale de un purgatorio de optimización personal. El miedo a la irrelevancia permite que la industria devore su arte.
No surge nada revolucionario. Sin embargo, las absurdidades suenan auténticas, tomadas de conversaciones reales en la industria. El director Aidan Zamiri, un colaborador frecuente de Charli en videos musicales, logra el equilibrio irónico. La ironía impulsa su marca—calculada o no. Etiquetas como ‘Brat’, ‘Bitch’ o ‘Cunt’ apenas importan. La energía zumba, pero el núcleo se siente hueco.
Los fans que saltaron las canciones de ‘Brat’ aún conocen su brillo. El documental farsa entretiene con golpes autoconscientes, sin arriesgarse a una exposición real. Charli domina la narrativa, operando seguramente dentro del sistema que burla.
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