Seúl — El Ministerio de Comercio, Industria y Recursos de Corea del Sur celebró este sábado una reunión de emergencia para evaluar las repercusiones del fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos que anuló los aranceles globales del presidente Donald Trump. Los funcionarios concluyeron que los riesgos para el comercio bilateral se han agudizado, sobre todo por los aranceles del 15 por ciento aplicados previamente a productos surcoreanos.

El tribunal determinó que esas tarifas violaban la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, norma invocada por Trump para justificar gravámenes amplios a las importaciones. Según el ministerio, esto invalida esos aranceles específicos sobre bienes surcoreanos. No obstante, subrayaron que persisten otros gravámenes, incluidos los tradicionales sobre automóviles y acero de Corea del Sur.

“Dirigiremos todos los esfuerzos a salvaguardar los intereses nacionales”, declaró el ministerio tras la sesión. La evaluación se produce en medio de maniobras comerciales más amplias en Estados Unidos. Los funcionarios destacaron una complicación inminente: la intención de la Casa Blanca de imponer un arancel del 10 por ciento a importaciones de todos los países bajo la Sección 122 de la Ley de Comercio de 1974.

Esta disposición autoriza al presidente a aplicar tarifas de hasta el 15 por ciento para combatir un “déficit grande y serio en la balanza de pagos”, según explicaciones de la Casa Blanca. Los responsables surcoreanos prometieron limitar las disrupciones de este posible cambio. Las exportaciones a Estados Unidos representan un sector vital de la economía, con automóviles, electrónica y acero como componentes mayores.

El fallo de la Corte Suprema trastoca la estrategia arancelaria de Trump, que cubría bienes de múltiples naciones. Corea del Sur, socio comercial clave de Estados Unidos, enfrenta ahora un panorama mixto. Desaparecen los aranceles basados en la ley de emergencias, pero vías legales alternativas mantienen presión en sectores sensibles como autos y metales.

Representantes del ministerio delinearon estrategias de respuesta durante la reunión de dos horas en Seúl. Planean un seguimiento estrecho de los movimientos legislativos estadounidenses y posibles negociaciones. “Las incertidumbres exigen acción rápida”, comentó un funcionario, aludiendo a cadenas de suministro volátiles ya tensionadas por conflictos globales.

El impulso arancelario de Trump se intensificó durante su presidencia para proteger industrias estadounidenses. Corea del Sur se adaptó diversificando mercados y elevando competitividad. Sin embargo, la intervención judicial reabre interrogantes sobre la estabilidad comercial. Economistas prevén alivio a corto plazo para exportadores, matizado por los aranceles pendientes de la Sección 122.

El Gobierno también vigila efectos en socios regionales. Japón y la Unión Europea, afectados por medidas similares, podrían experimentar cambios paralelos. Para Corea del Sur, el foco se centra en Washington. Canales diplomáticos están listos, según funcionarios, para abordar cualquier escalada.

La reunión del sábado resalta la postura proactiva de Seúl. Datos del ministerio de Comercio muestran que las exportaciones a Estados Unidos superaron los 80.000 millones de dólares el año pasado, lo que subraya lo que está en juego. Mientras surgen detalles sobre la implementación estadounidense, Corea del Sur prepara planes de contingencia para proteger empleos y crecimiento.