J. Michael Bishop. Científico ganador del Premio Nobel cuya investigación sobre el cáncer y los oncogenes virales transformó la comprensión de la enfermedad, falleció a los 90, según el New York Times. Bishop, galardonado con el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1989, co-descubrió el primer oncogén, un hallazgo pionero que sentó las bases para la investigación y el tratamiento modernos del cáncer.

Legado científico y impacto en la medicina

El trabajo de Bishop con Harold Varmus en la década de 1970 y 1980 condujo al descubrimiento del primer oncogén, un gen que puede convertir células normales en cancerosas. Su investigación demostró que los genes de los virus podían ser responsables de desencadenar el cáncer en animales, un descubrimiento que transformó el campo de la oncología. Según el New York Times. El Comité Nobel lo calificó como un ‘avance importante en la comprensión del cáncer’.

El descubrimiento de Bishop no fue solo un hito en la ciencia básica, sino que también tuvo implicaciones inmediatas para el tratamiento del cáncer. Ayudó a los científicos a comprender cómo se desarrolla el cáncer a nivel molecular, lo que llevó al desarrollo de terapias dirigidas que ahora se utilizan para tratar diversas formas de cáncer. Según el Instituto Nacional del Cáncer. Más de 150 medicamentos que atacan genes específicos del cáncer han sido aprobados desde la década de 1990, muchos de los cuales se inspiraron en el trabajo de Bishop.

«Su investigación abrió la puerta a una nueva era en la investigación del cáncer», dijo la Dra. Elizabeth Nabel. Ex directora del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre. «Sin Bishop y Varmus, no tendríamos la comprensión del cáncer que tenemos hoy».

Vida temprana y carrera

Bishop nació en 1936 en la ciudad de Nueva York y obtuvo su doctorado en biología en la Universidad de California, San Francisco; Comenzó su carrera en la década de 1960, trabajando en la base genética de la leucemia y otros cánceres. Su trabajo temprano se centró en el papel de los virus en la causación del cáncer, un campo que aún estaba en sus primeros pasos en ese momento.

En la década de 1970. Bishop y Varmus identificaron un gen en un virus de pollo que era similar a un gen encontrado en células normales de pollo; Este descubrimiento mostró que el virus había «robado» el gen del huésped, un hallazgo que revolucionó la comprensión de cómo se desarrolla el cáncer. Su investigación demostró que el cáncer podía ser causado no solo por la presencia de un virus, sino por cambios en los propios genes del huésped, un concepto original en ese momento.

«Fue un momento de claridad», dijo Bishop en una entrevista con el San Francisco Chronicle. «Habíamos estado mirando a los virus durante tanto tiempo, que olvidamos que los genes del huésped podrían ser la clave».

Contribuciones posteriores y reconocimientos

Después de recibir el Premio Nobel, Bishop continuó su investigación en la Universidad de California, San Francisco, donde fue profesor de bioquímica. También fue presidente de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia y miembro de la Academia Nacional de Ciencias.

Bishop recibió la Medalla Nacional de Ciencia en 2007 y obtuvo numerosos otros reconocimientos, incluido el Premio Lasker y el Premio Wolf en Medicina. A pesar de sus numerosos logros, Bishop se mantuvo enfocado en su investigación y era conocido por su humildad y dedicación a la ciencia.

«Era un hombre callado con un impacto enorme», dijo la Dra. David Baltimore, ganador del Premio Nobel y colaborador de largo plazo. «Nunca buscó el foco, pero su trabajo cambió el mundo».

Bishop fue sobrevivido por su esposa, Ruth, y tres hijos. Su muerte marca el fin de una era en la investigación del cáncer, pero su legado vive en las innumerables vidas salvadas por las terapias inspiradas en su trabajo.

¿Qué sigue para la investigación del cáncer?

La muerte de Bishop ha impulsado un nuevo enfoque en la importancia de financiar la investigación en ciencia básica. Científicos y profesionales médicos están pidiendo un mayor apoyo para la investigación del cáncer, especialmente en el área de la terapia génica y la medicina personalizada.

«Necesitamos continuar el trabajo que Bishop inició», dijo la Dra. Nabel. «Sus descubrimientos nos dieron una base, pero aún tenemos un largo camino por delante».

A medida que el campo de la oncología continúa evolucionando, el impacto del trabajo de Bishop se sentirá durante generaciones. Su investigación no solo ha salvado vidas, sino que también ha inspirado a una nueva generación de científicos a seguir carreras en la investigación del cáncer.