Voluntarios actúan tras el desastre

Cuando los terremotos dobles golpearon la costa norte de Venezuela la semana pasada, Israel Rivas estaba en la ciudad industrial de San Félix, a cientos de kilómetros de distancia. Al comprender la magnitud del desastre, el mecánico de 24 años y fotógrafo en formación reunió el dinero que había ahorrado para comprar un nuevo objetivo de cámara y tomó un viaje de 12 horas en autobús a La Guaira, el estado costero más afectado.

“No podía comer bien. No podía dormir bien, sabiendo que mis hermanos y hermanas de este país estaban muriendo”, dijo Rivas el miércoles, exactamente una semana después del desastre. Desde entonces ha trabajado como intérprete del equipo de rescate internacional del Reino Unido (UK ISAR) mientras buscan vida entre los escombros.

Ayuda internacional y esfuerzos locales

Caminando por las calles devastadas de Caraballeda, una ciudad turística al este de la capital de La Guaira, Rivas se encontró con un grupo de trabajadores británicos de rescate que habían llegado en vuelos desde Merseyside, el West Midlands y Gales. “Si me necesitas, estoy aquí”, les dijo. Y sí lo hicieron.

Desde entonces, Rivas, quien habla inglés con fluidez, ha trabajado junto al equipo UK ISAR mientras se enfrentan a un infierno de edificios destruidos para intentar encontrar vida entre los escombros. También ha trabajado con buscadores de Ecuador para investigar posibles signos de vida detectados bajo los escombros de Residencia La Gabarra, un edificio de 12 pisos de apartamentos frente a la playa que colapsó en un amontonamiento de hormigón armado y ladrillos con al menos tres niños dentro.

Desafíos y esperanza

“Es un trabajo difícil. Es difícil ver a tantas personas muertas a tu alrededor. Es difícil decir que no podemos recuperar el cuerpo porque está a diez pisos y no tenemos el equipo”, dijo Rivas. “Ese es un lado de la moneda, que es la muerte. Pero ese no es el único lado”.

Los compañeros británicos de Rivas y los buscadores de Ecuador continúan trabajando en los escombros de La Gabarra, esperando encontrar signos de vida. El esfuerzo es un recordatorio de la resiliencia y determinación de ambos voluntarios locales e internacionales frente al desastre.

Aunque la magnitud de la destrucción es abrumadora, los esfuerzos de voluntarios como Rivas y los equipos internacionales de rescate destacan el compromiso continuo de salvar vidas tras los terremotos.