Investigadores capturaron 1.714 mosquitos en la Mata Atlántica brasileña y analizaron 24 muestras de sangre identificables. Dieciocho provenían de humanos. El resto se atribuyó a un anfibio, seis aves, un cánido y un roedor.

El estudio, publicado en Frontiers in Ecology and Evolution, reveló esa marcada preferencia. Solo queda un tercio del bosque original tras décadas de expansión humana. Antes, los mosquitos se alimentaban de diversa fauna: aves, mamíferos y anfibios. Ahora la biodiversidad ha caído en picado. Los insectos se concentran en bolsillos verdes cerca de asentamientos humanos.

“Esto es crucial porque, en un entorno como la Mata Atlántica con gran diversidad de hospedadores vertebrados potenciales, la preferencia por humanos eleva significativamente el riesgo de transmisión de patógenos”, declaró el coautor Sergio Machado a EuroNews.

Los mosquitos figuran entre los animales más letales del planeta. La Organización Mundial de la Salud (OMS) vincula las enfermedades transmitidas por vectores —mosquitos, garrapatas, moscas y pulgas— a más de 700.000 muertes anuales. Las picaduras propagan malaria, dengue, zika y fiebre amarilla.

El cambio climático agrava la amenaza. Temperaturas más altas y tormentas “súper cargadas” impulsadas por emisiones de combustibles fósiles expanden hábitats de mosquitos a nuevas regiones. Enfermedades antes tropicales ahora afectan zonas templadas.

El trabajo en la Mata Atlántica destaca cómo la pérdida de hábitat empuja a los mosquitos hacia las personas. Menos animales hospedadores dejan pocas opciones. Los humanos se convierten en el alimento por defecto. Ese cambio conductual podría desencadenar brotes en periferias urbanas.

Los científicos contrarrestan con herramientas innovadoras. Una estrategia introduce la bacteria Wolbachia en poblaciones de mosquitos. El microbio no mata a los insectos. Bloquea la transmisión de enfermedades. Las hembras infectadas lo transmiten a la descendencia, reduciendo epidemias gradualmente.

Pruebas en Brasil, Indonesia y Australia muestran resultados prometedores. Mosquitos con Wolbachia han recortado casos de dengue hasta un 77 por ciento en algunas ciudades. Los investigadores amplían liberaciones en zonas de alto riesgo.

Los individuos también pueden actuar. Repelentes convencionales con DEET siguen siendo muy efectivos. Alternativas naturales ofrecen opciones. Extracto de vainilla diluido en agua repele mosquitos durante horas. Plantas de jardín como lavanda, menta y tomillo disuaden picaduras. Machacar hojas y frotarlas en la piel da alivio rápido.

La efectividad varía. Concentraciones fuertes funcionan mejor contra especies agresivas. En zonas de malaria o brotes, autoridades sanitarias recomiendan repelentes aprobados por la EPA por encima de remedios caseros.

La deforestación agrava el problema. Brasil perdió 1,2 millones de hectáreas de bosque solo en 2022, según datos gubernamentales. Los esfuerzos de conservación van a la zaga. La reforestación y normas más estrictas de uso de suelo podrían restaurar barreras de vida silvestre y reducir el contacto humano-mosquito.

Expertos en salud pública piden estrategias integradas. Combinar liberaciones bacterianas, protección de hábitats y medidas personales. El control de vectores ha salvado 1.500 millones de vidas humanas desde 2000, informa la OMS. La acción sostenida resulta esencial ante el calentamiento climático y la reducción forestal.