Autoridades de la provincia de Chiang Mai informaron que 72 tigres murieron en las últimas semanas en Tiger Kingdom, atracción turística donde los visitantes pagan por interactuar con los animales. La oficina provincial de ganadería detectó el virus de la moquillo canino, altamente contagioso, junto a bacterias que atacan el sistema respiratorio.

Somchuan Ratanamungklanon, director del Departamento Nacional de Ganadería de Tailandia, explicó las muertes rápidas a medios locales. “Cuando los tigres enferman, es más difícil detectarlo que en gatos o perros”, declaró. “Para cuando nos dimos cuenta, ya era demasiado tarde”.

El brote surgió sin aviso. Los tigres mostraron síntomas vinculados a los dos patógenos. El moquillo canino, que se propaga con facilidad entre carnívoros, provoca daños neurológicos y respiratorios graves. En grandes felinos avanza rápido y suele ser mortal antes de iniciar tratamiento.

El personal de Tiger Kingdom no respondió a solicitudes de comentario. El sitio web del parque promociona encuentros cercanos con tigres de distintas edades y tamaños, atrayendo multitudes para fotos y contacto físico. Tales atracciones han crecido en Tailandia, donde generan ingresos importantes.

Grupos de bienestar animal criticaron la industria por las muertes. “Estos tigres murieron como vivieron: en miseria, confinamiento y miedo”, afirmó PETA Asia. La organización instó a los turistas a evitar estos lugares. “Si los turistas no van, estos sitios dejarían de ser rentables y tragedias así serían menos probables”, agregó.

La oficina de ganadería de Chiang Mai detalló los hallazgos en un comunicado del 20 de febrero. Necropsias en varios cadáveres confirmaron virus y bacterias. El parque alberga cientos de tigres, muchos criados para interacciones turísticas. El comercio de vida silvestre tailandés genera escrutinio internacional por cría ilegal y tráfico de partes.

Veterinarios destacaron dificultades para monitorear la salud de grandes predadores en recintos. Signos iniciales del moquillo —fiebre, secreción nasal, tos— imitan dolencias comunes. Cuando aparecen letargo y convulsiones, las chances de recuperación caen. Ningún tigre sobrevivió una vez avanzados los síntomas, según el informe.

Autoridades impusieron cuarentenas en el parque para frenar la propagación. Pruebas adicionales examinan a los animales restantes. El Departamento de Parques Nacionales de Tailandia ha inspeccionado instalaciones similares, citando hacinamiento e higiene deficiente como riesgos. Este caso es uno de los más letales para tigres cautivos en el sudeste asiático en años recientes.

Conservacionistas temen implicaciones mayores. Las poblaciones de tigres salvajes rondan las 4.000 a nivel global, según sondeos recientes. Programas de cría en cautiverio buscan aumentar números, pero enfrentan acusaciones de explotación. PETA y aliados impulsan prohibiciones globales al turismo con tigres, alegando que fomenta demanda de cachorros y debilita la lucha contra la caza furtiva.

Las muertes en Chiang Mai cuestionan la regulación. Los operadores deben registrarse ante autoridades de ganadería, pero la aplicación varía. Somchuan pidió protocolos veterinarios más estrictos. “Necesitamos sistemas de vigilancia adaptados a animales exóticos”, declaró.

Tiger Kingdom sigue abierto, aunque las visitas podrían bajar por las noticias. La junta de turismo de Tailandia no ha comentado. Brotes pasados, como un caso de moquillo en 2012 en un zoológico que mató cuatro tigres, resaltan vulnerabilidades recurrentes en cautiverio.