Ali Larijani, de 67 años, ha sido durante mucho tiempo una figura clave en el paisaje político iraní, conocido por su enfoque pragmático y su formación académica. Pero tras los ataques aéreos del 1 de marzo que mataron al líder supremo Ayatolá Ali Khamenei y al comandante del IRGC Mohammad Pakpour, el tono de Larijani cambió drásticamente. En un mensaje enérgico en redes sociales, declaró que EE.UU. e Israel habían ‘encendido el corazón de la nación iraní’ y prometió ‘quemarles el corazón’ en represalia.
De la pragmática a la furia
Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, ha pasado décadas navegando por los complejos pasillos del poder en Teherán. Una vez respetado negociador y académico, ahora se encuentra en el centro de la crisis más grave de Irán desde la revolución de 1979. Su retórica reciente contrasta con su rol anterior en la negociación del acuerdo nuclear de 2015 con potencias mundiales.
Hablando en la televisión estatal solo 24 horas después de los ataques, Larijani calificó a EE.UU. e Israel de ‘opresores internacionales infernales’ y advirtió que Irán entregaría una ‘lección inolvidable’. Su mensaje ha resonado con una población que sufre la pérdida de su líder más reverenciado y enfrenta una transición política precaria.
El discurso de Larijani llega en un momento crítico. Se espera que desempeñe un papel central junto a un consejo de tres personas que manejará los asuntos de Irán tras la muerte de Khamenei. El futuro rumbo del país, tanto internamente como internacionalmente, ahora depende de figuras como Larijani, cuya influencia abarca décadas de decisiones políticas y militares.
Una dinastía de poder
Larijani nació en Nájaf, Irak, en una familia acaudalada de Amol, Irán. Su padre, Mirza Hashem Amoli, fue un destacado erudito religioso, y su familia ha sido comparada con los Kennedys de Irán debido a su profunda influencia política y religiosa. Su matrimonio con Farideh Motahari, hija de Morteza Motahari, un cercano colaborador del ayatolá Khomeini, consolidó aún más sus vínculos con la élite revolucionaria iraní.
A pesar de sus raíces conservadoras, la vida personal de Larijani refleja una trayectoria más moderna. Su hija, Fatemeh, completó su educación médica en la Universidad Estatal de Cleveland, en Ohio, EE.UU., lo que destaca la exposición de la familia a instituciones occidentales.
A diferencia de muchos de sus pares, Larijani tiene una sólida formación académica secular. Obtuvo un título en Matemáticas y Ciencias de la Computación en la Universidad Tecnológica de Sharif y luego cursó maestrías y doctorado en filosofía occidental en la Universidad de Teherán, enfocándose en las obras de Immanuel Kant.
De negociador a dura línea
La carrera política de Larijani ha estado marcada por una mezcla de diplomacia y posiciones duras. Fue el negociador principal de Irán sobre el programa nuclear y fue fundamental para obtener la aprobación parlamentaria del acuerdo nuclear de 2015. Sin embargo, renunció a su cargo en 2007 tras alejarse de las políticas del presidente Mahmoud Ahmadinejad.
De 2008 a 2020, Larijani fue el presidente del Parlamento iraní, moldeando tanto la política interna como la externa. Intentó postularse como presidente en 2005 y 2021, pero fue descalificado por el Consejo Guardian, lo que analistas creen que fue una maniobra para abrir camino al dura línea Ebrahim Raisi.
A pesar de estos contratiempos, la influencia de Larijani permaneció fuerte. En agosto de 2025, fue redesignado como secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional por el presidente Masoud Pezeshkian. Desde entonces, su postura se ha endurecido, incluyendo la cancelación de un acuerdo de cooperación con el OIEA en octubre de 2025, citando los informes de la agencia como ‘ya no efectivos.’
Solo semanas antes del reciente escalada, se reportó que Larijani estaba involucrado en negociaciones indirectas con EE.UU., mediadas por Omán. En una entrevista con Al Jazeera, describió la posición de Irán sobre las negociaciones como ‘positiva’ y señaló que EE.UU. había comprendido que la opción militar no era viable.
No obstante, los ataques aéreos del 28 de febrero han roto esa ventana diplomática. Desde entonces, Larijani ha rechazado los informes de medios sobre nuevas negociaciones con EE.UU., afirmando que Irán ‘no negociará’ con Washington. En cambio, ha prometido responder con ‘una fuerza que nunca han experimentado antes.’
Mientras Irán se prepara para una transición de liderazgo, el rol de Larijani sigue siendo fundamental. Sus declaraciones recientes indican un cambio de la figura pragmática negociadora del pasado a una postura más confrontacional. Si este cambio marca un cambio permanente o una respuesta temporal a la crisis actual aún se verá.
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