Irán ha lanzado más de 1.000 drones Shahed, y expertos advierten que la amenaza es a largo plazo debido a la capacidad del país para producir en masa estas armas en fábricas pequeñas. El Shahed-136, un dron relativamente lento pero muy armado, ha sido una herramienta clave en la estrategia militar de Irán, con ataques que han apuntado a países del Golfo y Chipre en las últimas semanas.
Estrategias defensivas toman forma
Expertos militares han aconsejado a los países del Golfo adoptar un enfoque en capas para contrarrestar la amenaza de los drones Shahed. Esto incluye el uso de ametralladoras pesadas y artillería antiaérea colocadas en techos, alrededor de ciudades y hasta en camionetas, así como el empleo de aviones de ataque helicóptero para una protección adicional.
El Reino Unido ha anunciado planes para desplegar expertos de Ucrania para ayudar a los socios del Golfo a desarrollar los sistemas más efectivos disponibles para interceptar los drones. Esta estrategia busca preservar los sistemas de misiles Thaad y Patriot, que cuestan 12 millones de dólares y un millón de dólares por interceptación, respectivamente.
El Shahed-136, con una velocidad máxima de 185 km/h, lleva una carga de hasta 50 kg y tiene un alcance máximo de 2.500 km. Incluso si solo un pequeño porcentaje de los drones alcanza sus objetivos, el potencial de daño significativo es alto, especialmente en ataques masivos.
Sistemas avanzados y tácticas
El Skyranger 35 de Alemania, un sistema antiaéreo móvil de última generación, se está considerando como una defensa clave contra los drones Shahed. Puede disparar 1.000 rondas por minuto a una distancia de 4.000 metros usando un radar AESA potente. El sistema es capaz de atacar drones, misiles de crucero y aviones y puede montarse en vehículos blindados con ruedas de tracción o con seis ruedas.
Otras opciones disponibles incluyen el tanque Gepard AAA, que monta cañones dobles o cuádruples de 35 mm Oerlikon, y armas de interferencia adaptadas de tácticas ucranianas. Sin embargo, estas tienen un alcance limitado y podrían causar daños colaterales no deseados.
Aviones de combate como el Rafale, los F-16 y los Typhoon del Reino Unido también se están desplegando para rastrear e interceptar los drones usando sus sistemas de radar avanzados. Los pilotos pueden usar el chorro de aire de sus aviones para derribar drones como último recurso, una táctica probada en la Guerra de las Malvinas de 1982.
La participación de pilotos ucranianos de F-16, que han logrado contrarrestar drones Shahed atacando sus propias ciudades, se espera que sea un elemento clave en la estrategia de defensa.
Desafíos y amenazas futuras
El experto en poder aéreo Tim Ripley destacó el desafío de detectar y atacar los drones lo suficientemente lejos de áreas pobladas para evitar que los escombros caigan en ciudades. Los patrones de vuelo predecibles y la falta de maniobras evasivas de los drones Shahed los hacen vulnerables, pero su número y alcance plantean una amenaza significativa.
El experto militar Francis Tusa señaló que la simplicidad y el bajo costo del Shahed permiten su producción en masa en fábricas pequeñas y descentralizadas. Estimó que un solo ingeniero podría producir 12 drones en un turno de diez horas bajo condiciones ideales.
La capacidad de Irán para dispersar baterías de drones por todo el país y lanzarlos desde estacionamientos subterráneos o claros en bosques hace que su detección sea extremadamente difícil. Esta producción y capacidad de lanzamiento descentralizadas complican los esfuerzos para interrumpir la cadena de suministro.
Los expertos enfatizan la importancia de mantener un sistema de defensa aérea integrado que combine aviones, radares, misiles y ametralladoras. Este sistema debe ser adaptable para contrarrestar amenazas en evolución y evitar incidentes de fuego amigo, como el reciente derribo accidental de tres aviones de combate estadounidenses en Kuwait.
A medida que Irán continúa desarrollando sus capacidades de drones, los países del Golfo y sus aliados trabajan para implementar una estrategia de defensa coordinada que equilibre la eficacia económica con la innovación tecnológica. El desafío radica en mantener un sistema de defensa robusto y flexible frente a una amenaza persistente y en constante evolución.
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