El ayatolá Ali Khamenei, figura respetada y controvertida que moldeó la política exterior e interior de Irán durante más de 36 años, falleció a los 86 años. Los medios estatales iraníes confirmaron que fue asesinado en ataques aéreos llevados a cabo por Israel y Estados Unidos que atacaron su residencia en el centro de Teherán. Los ataques ocurrieron tras años de esfuerzos diplomáticos fallidos para resolver las tensiones sobre el programa nuclear de Irán, según informes.

Impacto en el poder regional de Irán

La muerte de Khamenei marca el fin de una era en la estrategia geopolítica de Irán. Como líder supremo desde 1989, posicionó al país como una fuerza antiestadounidense principal en el Medio Oriente, respaldando milicias chií en Irak y Líbano y sosteniendo al presidente sirio Bashar al-Assad. Su influencia se extendió a través de la ‘Eje de la Resistencia’, que incluía grupos como Hamas y los hutíes. Sin embargo, para 2024, esta red comenzó a desmoronarse, con la expulsión de Assad y derrotas militares de Israel en Líbano y Gaza.

Khamenei fue fundamental en el financiamiento de estas alianzas, gastando miles de millones durante cuatro décadas para fortalecer la influencia regional de Irán. Pero en los últimos años, estas alianzas colapsaron, dejando a Irán con una posición significativamente debilitada en la región.

Legado de un gobierno duro

El mandato de Khamenei estuvo definido por una postura dura, tanto a nivel nacional como internacional. Mantuvo las políticas del fundador de la República Islámica, el ayatolá Ruhollah Khomeini, asegurando que Irán permaneciera aislado del Occidente. Su rechazo a la influencia occidental se extendió a su crítica a las políticas estadounidenses, incluyendo la retirada de 2018 del acuerdo nuclear de 2015. Esa decisión del ex presidente estadounidense Donald Trump llevó a nuevas sanciones contra Irán y un aumento de las tensiones, con Khamenei condenando a Estados Unidos como ‘el Gran Satanás’.

Khamenei también enfrentó disturbios domésticos significativos, incluyendo las protestas de 2009 sobre resultados de elecciones disputados y las manifestaciones de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini, una joven kurda iraní de 22 años que murió en custodia. En respuesta, Khamenei reprimió a los manifestantes, recurrir a detenciones masivas y ejecuciones públicas para sofocar el descontento.

Como líder supremo, Khamenei ejerció un poder casi absoluto, supervisando las fuerzas armadas, nombrando a funcionarios clave y moldeando la dirección del país. Su influencia se consolidó a través de su control sobre las Fuerzas de la Guardia Revolucionaria, una poderosa fuerza paramilitar que jugó un papel central en los asuntos regionales y nacionales de Irán.

Un legado controvertido

El legado de Khamenei es uno de fuerza y controversia. Aunque es reverenciado por los duros y clérigos por su compromiso inquebrantable con la República Islámica, los críticos argumentan que sus políticas han llevado a la aislamiento económico y político de Irán. Su negativa a comprometerse con el Occidente, especialmente en el asunto nuclear, ha sido un punto de controversia, incluso durante el acuerdo nuclear de 2015 con Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Rusia y China.

La muerte de Khamenei ocurre en un momento de intenso conflicto en el Medio Oriente. En junio de 2025, Israel lanzó un ataque aéreo masivo contra objetivos militares y nucleares iraníes, marcando un punto de inflexión en las tensiones regionales. Estados Unidos se unió al ataque, escalando el conflicto a una guerra abierta. Khamenei había jurado en enero de 2025 que Irán no ‘cedería ante el enemigo’, una postura que reflejaba su oposición vitalicia a la influencia occidental.

Según Karim Sadjadpour del Carnegie Endowment for International Peace, Khamenei fue ‘un accidente de la historia’ que pasó de ser una figura relativamente débil a una de las líderes más influyentes en la historia moderna de Irán. ‘Fue de un presidente débil a un líder supremo inicialmente débil a uno de los cinco iraníes más poderosos de los últimos 100 años’, dijo.

La vida temprana de Khamenei estuvo marcada por la devoción religiosa. Nacido en Mashhad en 1939, se convirtió en clérigo a los 11 años y estudió en Irak y Qom, la capital religiosa de Irán. Su padre, un clérigo tradicionalista, se oponía a mezclar religión con política, pero Khamenei adoptó la causa revolucionaria. Fue encarcelado en 1963 por actividades políticas y sufrió torturas severas durante su detención.

El ascenso de Khamenei al poder no fue sin controversia. Fue una elección inesperada para suceder a Khomeini, careciendo tanto del carisma como de las credenciales cléricas de su predecesor. Sin embargo, sus vínculos con las Fuerzas de la Guardia Revolucionaria y su capacidad para mantener las políticas dura de la República Islámica aseguraron su posición como líder supremo.

Como líder de Irán, la influencia de Khamenei se extendió más allá de las fronteras del país. Fue una figura clave en la Guerra Irán-Irak de 1980-88 y posteriormente jugó un papel importante en las estructuras militares y políticas de la República Islámica. Su liderazgo estuvo marcado por un profundo desconfianza hacia el Occidente, un sentimiento que moldeó sus políticas y acciones durante todo su mandato.

La muerte de Khamenei deja un vacío de poder en la liderazga de Irán, con incertidumbre sobre el futuro de las políticas del país y su papel en el Medio Oriente. Los analistas sugieren que su muerte podría provocar un cambio en el enfoque de Irán en la diplomacia, especialmente con Estados Unidos e Israel, aunque el impacto inmediato sigue siendo incierto.