Más de 7,000 bombas han caído en Irán en la última semana, según datos verificados, lo que ha cambiado la percepción del conflicto de una operación puramente militar a una que incluye presión psicológica y política. La magnitud de los bombardeos, que han atacado tanto infraestructura militar como civil, ha generado preocupación sobre los objetivos estratégicos más amplios detrás de la campaña.

Ataques verificados incluyen infraestructura civil

El Instituto para el Estudio de la Guerra ha identificado y verificado más de 360 ataques distintos en Irán. Entre ellos, el patrón de objetivos incluye no solo instalaciones militares, sino también hospitales, infraestructura energética y una escuela para niñas. Esta combinación de objetivos militares y civiles ha generado debates sobre la verdadera intención de la campaña.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ha llamado públicamente a los iraníes a derrocar a su gobierno, mientras que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha coincidido en sus comentarios. La Casa Blanca también ha delineado objetivos de guerra enmarcados en la neutralización de la marina iraní, capacidades de misiles, programa nuclear y milicias aliadas. Trump incluso ha sugerido que aceptaría un cambio de régimen si los nuevos líderes fueran aceptables para Estados Unidos.

El perfil de objetivos plantea preguntas estratégicas

El profesor Yossi Mekelberg, fellow senior consultor en Chatham House, ha señalado que las estaciones de policía en Teherán y áreas kurdas han sido entre los objetivos clave. Afirma que la elección de estas instalaciones indica una intención de erosionar la capacidad inmediata del gobierno iraní para controlar protestas y disturbios civiles.

Esta estrategia de objetivos contrasta con el discurso militar de neutralizar amenazas a largo plazo. Mekelberg señala que si la infraestructura policial está siendo atacada sistemáticamente, el discurso militar no se alinea con una estrategia orientada a aumentar la presión sobre las organizaciones de seguridad internas. Esta discrepancia plantea preguntas sobre los verdaderos objetivos de la campaña.

Teherán ha sido históricamente el centro de la oposición liberal y nacionalista al régimen, y fue allí donde comenzaron las protestas a finales del año pasado. Estas protestas fueron reprimidas con una represión letal por parte de las fuerzas gubernamentales, incluyendo la policía. La combinación de ataques a la infraestructura de seguridad con llamados públicos de líderes extranjeros para que la población iraní derroque a su gobierno genera una señal multifacética: degradación militar por un lado, alentamiento político por otro.

¿Quién se beneficia y qué se debe exigir a los responsables políticos?

El historial operativo muestra daños extensos en objetivos tanto militares como civiles. Las declaraciones públicas de líderes identificados expresan objetivos diferentes. Los beneficiarios inmediatos de una campaña que debilita la capacidad coercitiva del Estado serían los movimientos de oposición internos en Irán. Los actores internacionales que expresan preferencias por un cambio de régimen ganarían ventaja estratégica si la inestabilidad interna aumentara.

No obstante, las partes involucradas también deben ser responsabilizadas por las consecuencias humanitarias de los ataques a hospitales, infraestructura energética y escuelas. Los ataques documentados y el mensaje político sugieren un enfoque que combina la neutralización militar convencional con un esfuerzo deliberado para moldear la política interna iraní.

Este enfoque híbrido plantea preguntas legales, morales y estratégicas sobre la protección de civiles, la proporcionalidad de los ataques y la estabilidad a largo plazo de la región. Según Mekelberg, el contraste entre objetivos militares y ingeniería política es significativo y requiere una revisión cuidadosa.

El mapeo de ataques verificado por el Instituto para el Estudio de la Guerra muestra un patrón de objetivos que incluye infraestructura civil y instalaciones policiales. Los funcionarios públicos han declarado objetivos diferentes, desde los objetivos militares declarados por la Casa Blanca hasta la llamada explícita de Netanyahu para un cambio de régimen. Para una evaluación pública, los responsables políticos deben presentar explicaciones claras y públicas sobre los criterios de selección de objetivos, protocolos de protección de civiles y evaluaciones posteriores a los ataques.

En ausencia de eso, la frase ‘Irán ataca a Israel’ seguirá asociada a una estrategia que combina objetivos militares y ingeniería política, con consecuencias que el público no podrá evaluar completamente. Mientras continúa el conflicto, la comunidad internacional observará atentamente cualquier señal de escalada o desescalada.