El gobernador de California, Gavin Newsom, enfrentó una fuerte crítica tras un video viral en el que afirmó compartir similitudes con la comunidad negra al mencionar su bajo puntaje en el SAT. El clip, visto más de 35 millones de veces, fue grabado durante un evento de campaña presidencial en 2028 en el Rialto Center for the Arts en Atlanta, donde Newsom estuvo sentado junto al alcalde de Atlanta, Andre Dickens.
Durante el evento, Newsom fue preguntado qué esperaba que los lectores tomaran de su libro Young Man in a Hurry. Respondió destacando una narrativa de lucha compartida, diciendo: ‘No intento impresionarles. Solo intento hacerles entender que soy como ustedes. No soy mejor que ustedes. Soy un tipo de 960 en el SAT.’
Newsom agravó aún más el momento al decir: ‘Nunca han visto que lea un discurso, porque no puedo leer un discurso. Tal vez el negocio equivocado para estar’. La audiencia en vivo rió, pero en el ámbito digital estalló la indignación.
El núcleo de la indignación radica en el punto de conexión elegido por el gobernador: puntajes de exámenes estandarizados y habilidad de lectura. Según el College Board, el promedio nacional de puntaje del SAT en 2024 fue de 1024. El promedio para los aspirantes negros es de 907. El puntaje de Newsom, 960, que presentó como un distintivo de conexión, está en realidad por encima del promedio del grupo al que intentaba identificarse.
Esta realidad matemática transformó su autocrítica en un momento de profundo error político, llevando a los críticos a preguntarse qué característica específica creía compartir con la comunidad de Atlanta.
Este incidente no es un simple error; es una ventana a un esfuerzo de rebranding político calculado, donde la humildad se finge para atraer a votantes desilusionados. Newsom está en una gira por múltiples estados, respaldando candidatos y vendiendo una biografía reescrita, mientras crece la especulación sobre una posible carrera presidencial futura.
Está activamente trabajando para revertir la creciente percepción nacional de él como el arquitecto del declive de California, un gobernador que impuso cuarentenas estrictas, observó cómo aumentaron el crimen y la pobreza, y presenció la salida de residentes y negocios.
En Atlanta, intentó cambiar la imagen de un propietario de bodegas de Napa Valley con una fortuna en millones por la de un hombre común y accesible. Quiso hablar de lasaña congelada, no de los locales cerrados en San Francisco, donde las tasas de vacancia en oficinas han explotado hasta el 34,5%.
La reacción fue rápida y clara. La campaña de Trump acusó a Newsom de llamar ‘estúpido’ a la comunidad negra. El comentarista político Sean Hannity publicó: ‘Newsom cree que un puntaje de 960 en el SAT lo hace ‘como’ los estadounidenses negros. Que eso se le quite de la cabeza.’
Newsom respondió con su característica agresividad, pero el daño a su esfuerzo de rebranding ya estaba hecho. El momento recuerda el fracaso del discurso de otros elites, como el comentario de Joe Biden en 2019 que ‘los niños pobres son tan inteligentes y talentosos como los niños blancos’, que redujo la inteligencia a un marco racial y de clase.
Para los estadounidenses que lo observan, la lección es clara. Mientras la clase política se entrega a performances incómodas de falsa parentez, el mundo real sufre las consecuencias de su gobierno. Mientras los bancos se tambalean y una crisis inmobiliaria comercial se avecina, la nación necesita líderes con competencia comprobada y claridad moral, no aquellos que creen que una historia bien contada sobre un mal puntaje en un examen puede compensar una trayectoria de fracaso.
La aparición de Newsom en Atlanta demuestra que ya no es maestro de la imagen. Su fachada política pulida está agrietándose, mientras millones viven con las consecuencias de sus políticas fallidas. La imagen se está erosionando, revelando la realidad desagradable detrás de la superficie pulida.
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