Pakistán está en estado de alerta tras estallar protestas violentas en todo el país tras la noticia de la muerte del líder supremo de Irán, el ayatola Ali Khamenei, en un ataque aéreo conjunto de EE.UU. e Israel en Teherán. El incidente ha desencadenado inquietud general, con 22 muertos en los enfrentamientos posteriores, y ha colocado a Islamabad en un cruce crítico de su política exterior.
Violencia y víctimas en ciudades principales
Según funcionarios, 22 personas murieron en la violencia que siguió a la noticia de la muerte de Khamenei. Diez de las víctimas fueron asesinadas en Karachi, ocho en Skardu y dos en Islamabad. Las protestas alcanzaron su punto máximo en Islamabad, donde miles se reunieron cerca de la Zona Roja, una zona fuertemente fortificada que alberga edificios gubernamentales, el parlamento y la embajada de EE.UU.
Los manifestantes gritaron consignas anti-EE.UU., llamando a quienes se alinean con Washington “traidores” y exigiendo “venganza contra Israel”. Las fuerzas de seguridad respondieron con gases lacrimógenos, balas de goma y, en algunos casos, balas reales. Testigos reportaron escuchar disparos mientras las multitudes intentaban romper los obstáculos que rodeaban la Zona Roja.
La violencia también se extendió a Karachi y Lahore, donde los manifestantes atacaron la oficina del consulado de EE.UU. y prendieron fuego a partes del lugar. En Skardu, una oficina de las Naciones Unidas fue incendiada y edificios cercanos sufrieron daños. La inquietud ha dejado al gobierno luchando por contener la situación y evitar una escalada mayor.
Respuesta oficial de Pakistán y contactos diplomáticos
El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, expresó “duelo y tristeza” por la muerte de Khamenei en una publicación en redes sociales. Dijo que “es una convención antigua que los líderes del estado no deben ser objetivos de ataque”.
El ministro de Relaciones Exteriores, Ishaq Dar, condenó los ataques contra Irán y llamó a detener inmediatamente el conflicto mediante medios diplomáticos. El ministro del Interior, Mohsin Naqvi, instó a los ciudadanos a “manifestar su protesta de manera pacífica” y no tomar la ley en sus propias manos.
Interesantemente, Pakistán también condenó la represalia de Irán contra Arabia Saudita, Bahréin, Jordania, Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos, llamando a los ataques “violaciones claras de la soberanía”. El primer ministro sostuvo conversaciones con los líderes de Jordania y Bahréin, y el ministro de Relaciones Exteriores se reunió con sus pares en Omán e Irak para abordar las tensiones regionales.
Dilema estratégico en una región compleja
La muerte de Khamenei ha colocado a Pakistán en una posición precaria, ya que mantiene relaciones estrechas tanto con EE.UU. como con Irán. Islamabad ha cultivado relaciones fuertes con el presidente estadounidense Donald Trump, quien ha llamado al primer ministro Shehbaz Sharif un “amigo”. Pakistán también depende en gran medida de EE.UU. para equipos de defensa, incluyendo sus cazas F-16, y para la cooperación contra el terrorismo.
Mientras tanto, Pakistán comparte vínculos históricos, culturales y económicos profundos con Irán. Los dos países han mantenido una cooperación bilateral en asuntos regionales, y Teherán ha reconocido públicamente el apoyo de Pakistán durante crisis pasadas. Esta relación compleja ha dejado a Islamabad en una posición difícil a medida que se intensifican las tensiones entre Irán e Israel, así como con EE.UU.
Complicando aún más la situación, Pakistán tiene un acuerdo de defensa mutua estratégico con Arabia Saudita, que establece que “un ataque contra uno es un ataque contra ambos”. Esto genera temores de que si Arabia Saudita retaliara contra Irán, Pakistán podría verse arrastrado al conflicto.
Agregando a esto, Pakistán ya está involucrado en lo que su ministro de Defensa ha llamado una “guerra abierta” contra Afganistán, limitando su capacidad militar para manejar un posible enfrentamiento con Irán. El país comparte una frontera larga y porosa con Irán, lo que hace un enfrentamiento militar directo extremadamente riesgoso.
A medida que la situación se desarrolla, se espera que Pakistán continúe su equilibrio, buscando mantener sus relaciones con EE.UU. e Irán, mientras evita involucrarse directamente en el conflicto en aumento. Los próximos días serán clave para determinar cómo Islamabad navega este escenario regional volátil.
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