Múnich — La representante Alexandria Ocasio-Cortez intervino la semana pasada en la Conferencia de Seguridad de Múnich entre bromas sobre que la ciudad bávara parecía Iowa o New Hampshire. Altos cargos estadounidenses como el gobernador de California, Gavin Newsom, y la gobernadora de Míchigan, Gretchen Whitmer, atrajeron multitudes en busca de pistas sobre sus ambiciones para 2028. Ocasio-Cortez enmarcó su presencia de otro modo.
La demócrata neoyorquina, conocida como AOC, advirtió a los asistentes del auge global del populismo autoritario. Las democracias ricas deben virar hacia una ‘política centrada en la clase trabajadora’, declaró, para ofrecer ganancias tangibles a los ciudadanos comunes y frenar esa marea. Ocasio-Cortez no integra comisiones de política exterior en la Cámara de Representantes, pero ha aguzado su mensaje geopolítico y aviva especulaciones sobre una futura candidatura presidencial.
Su discurso irrumpió en el foco de la conferencia sobre tensiones transatlánticas y ayuda a Ucrania. Los asistentes llenaron la sala para su intervención, uno de los pases más cotizados. ‘No podemos contener esta marea con la misma política elitista de siempre’, dijo Ocasio-Cortez, según participantes. Señaló el desencanto de los votantes que impulsa el apoyo a figuras como Donald Trump en EE.UU. y líderes similares en otros países.
La conferencia, celebrada del 16 al 18 de febrero en el hotel Bayerischer Hof, reunió a más de 400 responsables de 40 naciones. Los organizadores la presentaron como foro para debates de seguridad en medio de las guerras en Ucrania y Oriente Medio. Sin embargo, la política interna de EE.UU. dominó las conversaciones paralelas. Newsom destacó la ventaja tecnológica de California en inteligencia artificial y clima. Whitmer enfatizó la reactivación industrial del Medio Oeste. Ocasio-Cortez centró el problema en la desigualdad económica como raíz del populismo.
‘La gente está harta de promesas sin cumplimiento’, argumentó. Las políticas deben priorizar salarios, vivienda y sanidad, dijo, para reconstruir la confianza en las instituciones democráticas. Invocó su distrito en el Bronx, donde los vecinos sufren altos costes y precariedad laboral. Ese enfoque, insistió, vale a nivel mundial.
Su propuesta evoca el ‘internacionalismo basado en la clase’, concepto en auge entre pensadores progresistas. Sus defensores sostienen que las coaliciones liberales tradicionales se quiebran bajo presión económica y entregan victorias a nacionalistas. Ocasio-Cortez no mencionó directamente a Trump, pero aludió a su movimiento como síntoma. El trumpismo prospera donde los trabajadores se sienten ignorados, afirmó.
Las reacciones se dividieron por líneas ideológicas. Socialdemócratas europeos asintieron. Asistentes de centro-derecha cuestionaron su viabilidad ante restricciones fiscales. Un funcionario alemán, bajo anonimato, lo calificó de ‘refrescantemente directo’ pero falto de concreción.
El giro de Ocasio-Cortez en Múnich prolonga sus recientes pasos. Se sumó a debates progresistas sobre política exterior pese a su enfoque doméstico en el Congreso. El año pasado criticó paquetes de ayuda estadounidense por carecer de protecciones laborales. Tras su discurso, arreciaron las especulaciones: ¿ensaya para un cargo superior? Ella lo desestimó. Su equipo indicó que el viaje buscaba solo diálogo global.
La conferencia concluyó con compromisos de apoyo a Ucrania pero sin consenso sobre el populismo. Ocasio-Cortez dejó Alemania el sábado y regresó a Washington. Su mensaje perdura mientras los europeos siguen las elecciones de EE.UU. Con Trump aspirando a volver y el mandato de Biden en declive, su llamado a la solidaridad clasista pone a prueba los lazos transatlánticos.
Los organizadores reportaron récord de asistencia, un 10% más que en 2023. El próximo año se traslada a Washington D.C., con más sabor estadounidense.
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